Reseña bibliográfica Estudios Fronterizos, vol. 9, núm. 18, 2008, 205-208

La poblacón, siglos XVI al XX


Mario Alberto Magaña Mancillas 1


Elsa Malvido, Colección Historia Económica De México, Núm. 7, México, Universidad Nacional Autónoma de México/Océano, 2006


1 Investigador adscrito al Centro de Investigaciones Culturales–Museo, Universidad Autónoma de Baja California. Doctorado en Ciencias Sociales Tutorial, El Colegio de Michoacán.
Correo electrónico: mario_magana@yahoo.com


Es fundamental poder contar con textos académicos orientados a la difusión de temas como la historia económica de nuestro país. En este tenor, es interesante contar con una colección como la coordinada por Enrique Semo, en la cual se incluye la obra de Elsa Malvido, titulada La población, siglos XVI al XX. Así, en la presentación de este libro se establece que el objetivo de la colección es “sintetizar los resultados de infinidad de investigaciones particulares especializadas y ofrecer al lector una visión coherente de conjunto, basada en el conocimiento actual de los temas abordados. Esperamos que todos los interesados en la historia económica, pero especialmente los estudiantes de economía e historia, encuentren en ella tanto una obra de consulta como un marco de referencia y una fuente de inspiración teórica para nuevos estudios” (p. 8).

Por su parte, Elsa Malvido destaca al inicio de su texto, pero sobre todo en toda la obra, que su objetivo está más vinculado a una visión coherente y didáctica sobre el amplio proceso de poblamiento en diferentes momentos históricos de lo que hoy conocemos como México, especialmente “desde el origen de la especie humana y hasta hace cerca de 50 años (1945), [cuando] la variable demográfica fundamental fue la mortalidad, la cual determinó el comportamiento general de la población en todo el mundo y en particular en nuestro país” (p. 11). Malvido centra su argumentación en los tres elementos de la historia: tiempo, espacio y los seres humanos en sociedad.

Aunque el libro está organizado en una introducción, conclusiones, un anexo estadístico (que en estricto sentido es una relación de epidemias del siglo XVI al XVIII), una cronología epidemiológica mexicana en el siglo XIX, la bibliografía (que no es toda la utilizada en los pies de página y así lo aclara la autora) y 11 capítulos, lo que es más evidente al momento de la lectura de la obra completa es que en realidad se establecieron tres grandes conjuntos de capítulos: el primero referente a la patología natural o biológica (capítulos 1 al 6: “La despoblación de México”; “El redoblamiento”; “La etapa de domesticación de la patología biológica, 1564–1832”; “Las cuentas de las almas, los registros parroquiales”, y “Las cuentas democráticas de los cuerpos, los censos: 1793, 1803 y 1810”); el segundo bajo la influencia de la patología social o biosocial (véase p. 18) (capítulos 7 al 9: “El triunfo de la patología biosocial, 1833–1955”; “Los censos modernos de población”, y “La tercera etapa, el control de la patología biológica y biosocial, 1945–1955”); y el tercero basado en que la nueva circunstancia demográfica es la fecundidad y por tanto es ésta la variable demográfica determinante del poblamiento mexicano (capítulos 10 al 11: “El control de la natalidad, 1955–1970, la transición epidemiológica”, y “La última etapa de este estudio, 1970–1990”). Los capítulos corresponden a una propuesta general de periodización, siendo el primero de inicios del siglo XVI hasta 1832, el segundo de 1833 a 1955, y el tercero de 1955 hasta finales del siglo XX. Todo en una visión integral del devenir demográfico de los seres humanos que habitaron los diferentes espacios prehispánicos, coloniales y mexicanos, logrando una narración amena y didáctica.

Uno no puede dejar de reconocer que es una obra producto de una vida dedicada al estudio de la historia demográfica de nuestro país, por lo cual parece fluir todo de una manera clara, vinculada a la información necesaria sobre la historia política y económica desde el siglo XVI hasta el XX, logrando mantener una visión sintética, recurriendo a ejemplos concretos de diferentes regiones para mostrar las diferencias en el amplio territorio novohispano o mexicano. Pero, además, resultan interesantes sus continuas referencias a ese grupo tan diverso y hasta cierto punto intangible que son los mestizos, por lo que uno de los grandes aciertos de esta obra es mostrarnos su conformación desde la historia demográfica como aquellos “que en muchas ocasiones quedaron excluidos de las dos repúblicas, sin oportunidades claras y con el temor constante de ser repudiados”, pero al mismo tiempo fueron el instrumento inconsciente por el cual la población nativa “les permitió, al paso de los siglos, convertirse en la mayoría por ser la más resistente” (p. 55), gracias a la herencia de defensas inmuno­lógicas. Por lo cual, para finales del siglo XVIII representaban el 37% de la población novohis­pana (p. 77).

También es de reconocer que el libro es una excelente manera de introducir a los estudiantes de historia en ese aparente mundo “estéril” de las cantidades y de la demografía, ya que sintetiza mucha de la información básica que un aprendiz de historiador demógrafo debe conocer. En este sentido, son de destacar los capítulos “Las cuentas de los cuerpos o los tributos de la población de la República de indios” (pp. 91–104) y “Las cuentas de las almas, los registros parroquiales” (pp. 105–122). Se destaca el énfasis por conocer la propia historicidad de las formas de contar en cada momento histórico y por cada segmento social, y así nos advierte: “si el bautizo no era de un niño, no reflejaba su nacimiento, sino su inclusión en la Iglesia católica” (p. 106). Es decir, debemos conocer las fuentes de estudio y no caer en la simple postura de considerar que los datos históricos son de mala calidad, “ya que uno de los peores censos de población que se han levantado recientemente es el de 1980, al que siempre se le deben hacer ajustes, correcciones o, simplemente, ignorársele” (p. 12). Sincero su interés en que los lectores perciban este punto, e incluso establece que “el cómo, quién, cuándo, y para qué se contaron a los hombres, dejó ver claramente que fueron las necesidades de los gobernadores y su concepción de los cuerpos las que crearon la memoria cuantitativa de los mexicanos, lo que nos permitió hacer observaciones de su comportamiento demográfico, con las limitaciones dadas por las fuentes antiguas y modernas” (p. 223).

Otra de las aportaciones de esta obra y de su síntesis histórica del devenir demográfico es mostrar que la mayoría de los gobiernos siguen con los mismos esquemas de políticas de población desde el siglo XVIII: “La población creció a paso lento, y en 1936 se aprobó la primera Ley General de Población de México, en la cual la frase de ‘poblar es gobernar’ se había desechado pues los intentos no habían dado los frutos esperados; ahora se plantearon otros puntos nodales de las Reformas Bor­bóni­cas, tener una población sana y alfabeta para el trabajo, proporcionándole mejores condiciones de vida” (p. 192).

También es de notar, aunque no es desarrollada propiamente, la hipótesis de que la globaliza­ción ha permitido la entrada de enfermedades consideradas como “históricas”, como es el caso del cólera en 1994. Es importante reconocer que se sigue en deuda con la gran mayoría de la población en la cuestión de los accesos a mejores niveles de vida, y “en conclusión, de la verdadera planificación de la salud de un pueblo y no una simple declaración contenida en un artículo de la Constitución” (p. 224). Es decir, se debe tener una visión integral de las políticas públicas en un momento histórico, y no verlas como aspectos separados y desasociados.

Es así que esta obra nos muestra que con una visión amplia del devenir histórico, demográfico y socioeconómico, se pueden realizar mejores análisis y diagnósticos de nuestra realidad, ya que como dijera Pierre Chaunu en 1978 (Historia cuantitativa, historia serial, México, Fondo de Cultura Económica, 1987, p. 385): “la mediocridad de las previsiones de estos últimos años, su incapacidad para elevarse del estadio preventivo al estadio prospectivo, resultan, en efecto, de una insuficiente incorporación del dato de la historia. Una demografía que no es histórica, una demografía chata, corta, no puede ser más que preventiva. El precio de una aproximación prospectiva es, muy evidentemente, toda la sabiduría que puede extraerse de la muy larga duración”.