e-ISSN 2395-9134
ArtículosEstudios Fronterizos, vol. 27, 2026, e188

https://doi.org/10.21670/ref.2610188


El encuentro con la alteridad migrante desde la solidaridad y el humanitarismo cristiano en Chile

Encountering migrant otherness through solidarity and Christian humanitarianism in Chile

Hedilberto Aguilara * https://orcid.org/0000-0002-9024-2681
Miguel Mansillaa https://orcid.org/0000-0001-5684-0787

a Universidad Arturo Prat, Instituto de Estudios Culturales y Territoriales, Victoria, Chile, correo electrónico: heaguilar@unap.cl, mansilla.miguel@gmail.com

* Autor para correspondencia: Hedilberto Aguilar. Correo electrónico: heaguilar@unap.cl


Recibido el 28 de mayo de 2025.
Aceptado el 18 de junio de 2026.
Publicado el 27 de agosto de 2026.


CÓMO CITAR: Aguilar, H. & Mansilla, M. (2026). El encuentro con la alteridad migrante desde la solidaridad y el humanitarismo cristiano en Chile. Estudios Fronterizos, 27, Artículo e188. https://doi.org/10.21670/ref.2610188

Resumen:
En la terciarización de la gestión migratoria, las organizaciones basadas en la fe (OBF) juegan un papel fundamental en la recepción y acogida de migrantes vulnerables. El objetivo es comprender las motivaciones para la acción solidaria y lo que acontece en el encuentro con la alteridad migrante vulnerable, desde la perspectiva de religiosos, voluntarios y funcionarios de estas OBF. A partir de una reflexión teórica, observación etnográfica y entrevistas en profundidad realizadas en Santiago de Chile, Iquique y Arica (2022-2024), se encontró que las narrativas religiosas y de derechos confluyen en actores que tienen una influencia pública, social y cultural, a contracorriente de la xenofobia social y política, que muestran un rostro humano y un puente con la sociedad chilena. Como resultado, se presenta una solidaridad con la alteridad basada en el encuentro, la comprensión y el agradecimiento, desde la óptica del receptor, escasamente trabajada en Latinoamérica.
Palabras clave: solidaridad, religión, migración, humanitarismo, Chile.


Abstract:
In the outsourcing of migration management, faith-based organizations (FBOs) play a fundamental role in receiving and hosting vulnerable migrants. The objective is to understand the motivations for solidarity action and what occurs when encountering vulnerable migrant otherness, from the perspective of religious, volunteers and staff members of these FBO. From a theoretical reflection, ethnographic observation and in-depth interviews conducted in Santiago, Chile, Iquique and Arica (2022-2024), the study found that religious and rights-based narratives converge among actors who wield public, social and cultural influence, countering social and political xenophobia by presenting a human face and serving as a bridge to Chilean society. As a result, the study presents a form of solidarity with otherness based on encounter, understanding and gratitude, from the receiver’s point of view, a topic scarcely worked in Latin America.
Keywords: solidarity, religion, migration, humanitarism, Chile.


Introducción

Durante los últimos 30 años, las migraciones intrarregionales en América Latina crecieron abruptamente, de siete millones en 1990 a casi 15 millones en 2020 (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, 2023) como resultado de las políticas restrictivas de los países del norte global, con lo que han pasado a ser tanto emisores como receptores (Organización Internacional para las Migraciones & Foro Especializado Migratorio del Mercosur y Estados Asociados, 2022). Ello ha movilizado a una serie de organismos de la sociedad civil (OSC), muchos de origen religioso, en fronteras, sitios de tránsito y destino, desde Ushuaia hasta Tijuana, locales y transnacionales, que realizan trabajo humanitario y de incorporación social. Chile no es la excepción. La Organización Internacional para las Migraciones (OIM), la agencia del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y el Servicio Nacional de Migraciones (Sermig), entre otras instancias, constantemente acuden a OSC con la finalidad de coadyuvar con las migraciones.

La solidaridad con los migrantes tiene poco valor social en Chile, se les considera un problema, una carga, de acuerdo con la opinión pública, especialmente los irregularizados que son percibidos como criminales: una falta moral que no puede ser enmendada sino saliendo del país. De acuerdo con el censo, la población migrante en Chile aumentó de 1.22% en 2002 a 8.8% en 2024, lo que transformó el panorama sociorracial y cultural del país. Una mirada a la Encuesta Bicentenario 2023 (Pontificia Universidad Católica de Chile [PUC], 2024) permite vislumbrar la percepción chilena. En 2017, 38% de los chilenos opinaba que había un gran conflicto entre nacionales y migrantes, en 2023 aumentó hasta 78%. En 2023, 91% consideraba que los inmigrantes tuvieron un efecto en el aumento de la delincuencia, paradójicamente, solo 6% había tenido conflictos frecuentes con extranjeros. El racismo, clasismo y discriminación se han exacerbado desde 2016 al atribuir a los migrantes denominados caribeños (haitianos, dominicanos, venezolanos y colombianos) características asociadas a lo salvaje, incivilizado, irracional y horroroso (Navarro-Conticello, 2024).

La sociedad chilena está amedrentada (Gissi & Aguilar, 2023), el nuevo extranjero ofrece “al público objetos seguros que justifiquen el miedo, la conmoción y el odio” (Bauman & Donskis, 2015, p. 222), lo que disminuye la empatía hacia él. Las políticas de seguridad buscan disminuir los riesgos asociados a estos supuestos enemigos, por lo que cierran la obligación estatal de acogerlos, mientras la ética busca unir, lo que presenta una “oposición de principios” entre poder político y ética social (Bauman, 2011, p. 60).

En el mundo, diversos grupos religiosos procuran atender la brecha ética entre un cierre estatal a los migrantes vulnerables y las sociedades de recepción, realizan tareas de “apoyo espiritual y psicosocial, movilizando recursos materiales e inmateriales, y hacen uso de la confianza, el alcance y las redes para responder a las necesidades de los desplazados y promover la cohesión social” (Trotta & Fiddian-Qasmiyeh, 2022, p. 67). Este estudio se enfoca en las organizaciones basadas en la fe (OBF), católicas y evangélicas, no por ser únicas, sino por ser las más representativas en la acogida migratoria en Chile. La población chilena cada vez se identifica menos con la religión institucional, por lo que atender a inmigrantes no necesariamente implica legitimidad ante los locales. La adhesión a la Iglesia católica cayó de 70% en 2006 a 45% en 2023, mientras que en las iglesias evangélicas se mantuvo estable, entre 2010 y 2023, con 17% en promedio (PUC, 2024).

El objetivo del artículo es comprender las dinámicas institucionales de las OBF como agentes terciarios en la gestión migratoria, a la vez que explicar lo que ocurre en las personas que asisten a los migrantes en el encuentro cara a cara. Al lado de OSC, las OBF procuran la acogida, la protección y el acceso a los derechos de los migrantes desde una perspectiva misional (Zamudio Grave, 2019). Esto supone un servicio al prójimo, de manera universal y sin proselitismo, a diferencia de otros ámbitos eclesiales. La Iglesia católica es pionera en la recepción de migrantes, primero con la atención a los europeos que iban a América y después con la creación de una pastoral de cuidado para los migrantes católicos y evangelizadora de los no católicos, que considera su promoción humana integral (Aranda Bustamente, 2005). La pastoral de movilidad humana, según la teología católica oficial, representa un signo visible de Cristo para toda la humanidad, lo que significa que la iglesia, como representante de Dios en la tierra, tiene el deber de acoger a quienes han sido ultrajados de diversas maneras, por lo que pasó de ser una misión para los migrantes a una misión migrante contra la falta de hospitalidad en muchos Estados (Marchetto, 2003).

¿Cómo se desarrolla la pastoral de la movilidad humana, tanto como los ministerios evangélicos al migrante en Chile y cómo se relacionan las OBF con la estatalidad chilena? ¿En qué actitudes, creencias y prácticas deriva el encuentro con un otro alterizado? Este encuentro con el otro, ¿qué implicaciones tiene para la sociedad chilena? Para ello, se pone en perspectiva la comprensión de la alteridad y la solidaridad cuando la vida social se precariza particularmente desde la estatalidad; después se expone la metodología. Luego se sitúan los hallazgos en perspectiva analítica y finalmente se hace una reflexión sobre la terciarización de la gestión migratoria y la solidaridad vista como un puente de apertura entre chilenos y migrantes: la migración como posibilidad de encuentro.


La precarización de la vida y la solidaridad para los migrantes

La solidaridad se relaciona con un otro en una condición distinta a la propia, en un escenario donde se clasifica y se relaciona a través de la afinidad y la diferencia (Hall, 2014). Las fronteras establecen cierres e identificaciones que en esta época destacan la autoctonía, la ligazón de sangre como criterio de particularización de los nacionalismos, lo que implica que “todo emplazamiento fue precedido y será seguido por un desplazamiento” (Agier, 2015, p. 47). El encuentro con el diferente se descubre ante los interrogantes que causan las costumbres, palabras y significados que pueden implicar malentendidos. Esto causa un desorden temporal, da lugar a reacomodos, salidas creativas; se erigen fronteras sociales que en una época de incertidumbre cotidiana implican un estado de liminalidad, una pérdida de estatus para migrantes vulnerables (Agier, 2015; Mezzadra & Neilson, 2016).

Para que haya solidaridad debe haber confianza en que los actos propios repercuten en la sociedad. En contraposición, el individualismo, como causa y efecto de la anomia y el conflicto, ha preocupado a los científicos sociales (Kang, 2004). El discurso de la meritocracia ha adjudicado el triunfo o fracaso económico a la persona misma y no al conjunto de condiciones estructurales que lo propician. El precariado (las clases medias y proletarias) asume su incertidumbre existencial por la pérdida de horizonte en un destino común. En cambio, priva la sensación de ignorancia, impotencia y humillación, así, las “llamadas a la solidaridad suenan ridículas” (Bauman & Donskis, 2015, p. 86) y el sufrimiento del otro se convierte en un augurio de uno mismo.

Los inmigrantes en condiciones de vulneración por su situación legal son fronterizados social, simbólica y corporalmente para incluir y excluir, en una ampliación de las violencias ejercidas por el Estado y el mercado (Mezzadra & Neilson, 2016). Mezzadra y Neilson indican que estas fronteras implican lugares de lucha respecto a la dominación, desposesión y explotación, una pugna por el reconocimiento y el respeto. Agier (2015) enfatiza que las fronteras con el extraño se incrementan ante la fragilidad del Estado nación y sus sociedades. La desconfianza y las desigualdades obstaculizan el reconocimiento mutuo.

En Chile se pasó de una alta asociatividad antes del golpe de Estado (1973) a los efectos individualizantes y de pérdida de confianza en los vínculos sociales en la posdictadura. La tensión entre los estándares de vida y las posibilidades reales de mejora, junto con las condiciones citadinas de aislamiento creciente, ocasionaron un incremento del individualismo y pocas posibilidades de mirar al lado, de realizar vida colectiva y aún menos de solidaridad (Araujo, 2018). El sentido de impotencia ante las injusticias y la individualización del fracaso económico es una “exacerbación del yo” (Román et al., 2007, p. 169) que debilita los recursos colectivos a disposición. Dockendorff y colaboradores (2010) mostraron que se instaló una matriz más neoliberal, un rol moralizador, despolitizado y residual, como resultado de las acciones de personas e instituciones privadas. En contraposición, una matriz socialdemócrata menos extendida busca promover los derechos y la justicia social, en tensión con la neoliberal.

Mascareño (2007) sitúa la solidaridad dentro de un sistema social diferenciado donde la exclusión es vista como un problema moral, cada vez más desvinculada del área de influencia del Estado, coordinada y derivada a actores privados y a la sociedad civil. A la par, el sistema de derechos humanos incorpora y normativiza las expectativas que sitúan al individuo en el centro y más allá de la pertenencia a un Estado, prevaleciendo la opinión de que este es responsable de ejecutar y promover la solidaridad (Román et al., 2014).

La solidaridad en su vertiente católica tuvo origen en la doctrina social de la Iglesia y el derecho natural, a fines del siglo XIX, como vía intermedia entre liberalismo y marxismo: intentaba evitar los riesgos del individualismo de las economías liberales y la lucha de clases que el marxismo promovía (Groser, 2014). La Iglesia católica chilena, por ende, influyó en la formación del corporativismo obrero y campesino del siglo XX, constituyéndose en un estandarte de los derechos humanos contra la dictadura. Al retorno de la democracia, cayó en descrédito ante casos de abuso sexual y, para ciertos sectores, cuando se alió a partidos de derecha para promover su agenda moral (Veit Strassner, 2006). Sin embargo, las asociaciones religiosas mantienen una legitimidad en la acción solidaria, la Iglesia católica en particular, y en menor medida otras iglesias (Bahamondes González et al., 2020; Comisión UC para el análisis de la crisis de la Iglesia Católica en Chile, 2022).

Los inmigrantes latinoamericanos no han sido objeto de una solidaridad generalizada, con excepción de la primera oleada de venezolanos vistos como víctimas del sistema político-económico, con valores y comportamientos afines a la clase media chilena (Gissi et al., 2019). entre los años 2010 y 2025 hay escasos estudios enfocados en la solidaridad hacia los migrantes a través de OBF, excepto por Ramos Rodríguez (2013), que se refiere a la Pastoral Migratoria de la Iglesia católica en Iquique, la cual intentaba disminuir el impacto inicial de la llegada de migrantes ante políticas restrictivas. Esta visión transfronteriza con Perú y Bolivia quedó trastocada con el aumento de población no fronteriza a partir de la solicitud de visado especial a haitianos (2018) y venezolanos (2019), lo que durante la pandemia de COVID-19 detonó el ingreso por pasos no habilitados (Liberona Concha et al., 2022).

Para Levinas (2000), la solidaridad se encuentra en la renuncia del yo por el rostro desnudo del otro, una epifanía de visitación y trascendencia, en cuya revelación del infinito se encuentra la huella de Dios: “Ir hacia Él no es seguir esta huella que no es un signo; es ir hacia los Otros que se encuentran en la huella” (Levinas, 2000, p. 74). La estatalidad que establece políticas de seguridad es la misma que tensiona un humanitarismo indispensable solo para no dejar morir (López Reyes & París Pombo, 2023). Para Derrida (2008), esta tensión se hace explícita cuando la hospitalidad pasa de un asunto privado a público. De la protección del propio hogar frente a un invasor-parásito del que puede volverse rehén, se filtra a quién se quiere admitir: “la soberanía solo puede ejercerse filtrando, escogiendo, por lo tanto, excluyendo y ejerciendo violencia” (Derrida, 2008, p. 59). La solidaridad al migrante es permitida, pero limitada como asunto público.

Stefoni y colaboradores (2023, p. 6) cuestionan el concepto de crisis migratoria establecido por el Estado pues pone “en juego la relación entre el discurso humanitarista y la implementación de mayores políticas de control y gestión migratoria”. Desde allí, los sujetos migrantes vulnerables quedan desprovistos parcial o totalmente de sus derechos, lo que crea “empatía y compasión” (Stefoni et al., 2023, p. 7) como víctimas, mientras que cualquier exigencia política los haría indeseables. Estas autoras concluyen que la “crisis migratoria” promueve simultáneamente xenofobia y, en menor medida, solidaridad con víctimas, antes que con ciudadanos. De víctima a sujeto alterizado, la frontera puede ser borrosa.

Para Groos (2023), la solidaridad con los migrantes en Iquique ─ciudad que vivió hechos violentos contra venezolanos en 2021 y 2022 cuando estos desbordaron el espacio público─ está mediada por la crimigración. Ante la xenofobia explícita hubo una reacción de OSC promigrantes y se tornaron “en objetivos del control migratorio y han experimentado la represión en distintos niveles y por parte de diferentes actores” (Groos, 2023, pp. 5-6). Las condiciones de hostilidad incrementaron ante la incertidumbre de la pandemia, aparejada a la idea de un desorden fronterizo y migratorio, lo que provocó que solo algunas iglesias asistieran a los migrantes (Tapia Ladino & Quinteros Rojas, 2023); aun con ello, son instituciones muy presentes en las crisis de movilidad humana de sur a norte del continente (López Reyes & París Pombo, 2023).

La Ley de Extranjería 21.325 de 2022 plantea la potencial criminalización de las organizaciones que asisten a los migrantes irregulares (Groos, 2023), “llegando incluso a sancionar conductas facilitadoras del ingreso motivadas por un ánimo de solidaridad” (Bolívar et al., 2023, p. 145). Hasta el momento no hay sanciones a OBF, pero queda abierto al criterio discrecional del funcionario para ejercer la ley (Thayer Correa et al., 2020), así como motiva el uso político y mediático de la criminalización de migrantes, lo que genera condiciones sociales adversas para este tipo de solidaridad, mientras incrementa el tráfico de personas (Quinteros Rojas et al., 2019), especialmente en el contexto electoral (Bolívar et al., 2023).

El migrante sin ciudadanía estatal, en riesgo de perderla o aun teniéndola, pero en desgracia socioeconómica, es alterizado. La alterización es:

(…) el resultado de un proceso discursivo por el cual un endogrupo (“Nosotros”, el Ser) construye uno o muchos exogrupos dominados (“Ellos”, el Otro) al estigmatizar la diferencia ─real o imaginada─ presentada como una negación de la identidad y así un motivo de discriminación potencial… La asimetría en las relaciones de poder es central para la construcción de alteridad. (Staszak, 2009, p. 43)


Metodología

La Tabla 1 concentra las etnografías realizadas durante actividades en OBF.

Tabla 1. OBF etnografías y cantidad de funcionarios, voluntarios y religiosos hasta 2024
Siglas Nombre Organización religiosa patrocinadora Ciudad donde se hizo la etnografía Participantes en la acogida a migrantes
SJM Servicio Jesuita a Migrante Compañía de Jesús (jesuita) Santiago y Arica Cerca de 200
Incami Instituto Católico Chileno de Migración Conferencia Episcopal de Chile Santiago e Iquique Cerca de 200
Vicaría Vicaría de la Pastoral Social Arzobispado de Santiago / Cáritas Santiago 12
PMM Pastoral Migrante de la Iglesia Metodista Iglesia Metodista de Chile Santiago 7
PML Pastoral Migrante de la Iglesia Luterana Iglesia Evangélica Luterana de Chile Santiago 12
Edes Ejército de Salvación Ejército de Salvación Santiago e Iquique 16
WV World Vision Multiconfesional evangélica Santiago 15
FASIC Fundación de Ayuda Social de las Iglesias Cristianas Multiconfesional evangélica y católica Santiago y Arica 10
ADRA Agencia Adventista de Desarrollo y Recursos Asistenciales Iglesia Adventista del Séptimo Día Santiago 4
FMJ Fundación Madre Josefa Congregación de Nuestra Señora de la Caridad del Buen Pastor Santiago e Iquique 28
FS Fundación Scalabrini Congregación de San Carlos Borromeo (scalabrinianos) Santiago 30
FMW Fundación María Ward Hermanas de la Congregación de Jesús Santiago 4
Epes Educación Popular en Salud Iglesia Evangélica Luterana de Chile Santiago 2
SEM Servicio Evangélico Migrante* Multiconfesional evangélica Santiago Más de 50
* Funcionó de 2016 hasta 2020.
Fuente: elaborada por los autores

Algunas de estas han disminuido de tamaño debido a falta de financiamiento (WV, PMM) o han cambiado su enfoque de atención (FMW, Epes, ADRA, Edes).

Se eligieron estas OBF porque estaban presentes en al menos una ciudad estudiada, casi todas con presencia nacional, con un enfoque de atención a migrantes basado en una perspectiva de derechos, antes que solo asistencial o proselitista.

Se consideraron 31 entrevistas en profundidad (con una duración entre 45 minutos y una hora y media) a 10 hombres y 21 mujeres (funcionarios, voluntarios y religiosos entre los 24 y 48 años) en doce de estas trece OBF, entre septiembre de 2022 y noviembre de 2024, en Santiago de Chile, Iquique y Arica. Se entrevistó a las personas en función de su disponibilidad de tiempo y trato directo con migrantes. Son más mujeres, pues hay una tendencia a la feminización en atención directa.

Son tres tipos de agentes: a) voluntarios ─trabajan sin un salario o con un salario simbólico─; b) funcionarios ─asistentes contratados que reciben un salario─; y, c) religiosos ─sacerdotes, monjas y pastores─. En este trabajo no se consideró a organizaciones e iglesias que trabajan en coyunturas específicas o cuyos feligreses son migrantes, porque requieren un análisis por separado. Asimismo, se conversó con funcionarios de las municipalidades de Lo Prado, Quilicura, La Cisterna y Alto Hospicio, de la Secretaría de Salud de la Región Metropolitana con la finalidad de contrastar opiniones y observaciones. Los nombres fueron completamente anonimizados en las verbalizaciones y en casos donde la persona o institución podría correr riesgos de algún tipo.

Debe considerarse que en las acciones y creencias se pueden mezclar razones altruistas, egoístas, de donación y reciprocidad, que tensionan estos actos morales (Komter, 2007). El interés versa sobre la motivación a la acción de estos agentes y lo que sucede en el encuentro con el otro desde una perspectiva antropológica de los valores y emociones cuando sus interacciones son cruzadas por el migrante vulnerable.

Estos migrantes acuden a las OBF para obtener algo de desconocidos cuyo origen religioso es una fuente potencial de confianza en el acercamiento. Pueden procurar un bien básico como alimento y vivienda, hasta documentación, ayuda psicológica, redes de apoyo, enfrentar el duelo migratorio, etcétera. En ese proceso son escuchados, vistos, considerados humanos por otro humano que restablece, por condición de empatía, su horizonte de humanidad.

El análisis de datos se realizó en dos escalas: 1) narrativa, que indica las relaciones simbólicas con los hechos vividos, por lo que resultó útil el análisis estructural del discurso (Hiernaux, 2008) que tiene la finalidad de captar modelos culturales en los contenidos verbales, su sentido o maneras de ver las cosas; 2) etnográfico, la descripción de los hechos sociales desde los actores: “a un estudio etnográfico le interesa tanto las prácticas (lo que la gente hace) como los significados que estas prácticas adquieren para quienes las realizan (la perspectiva de la gente sobre esas prácticas)” (Restrepo, 2018, p. 25).

La etnografía y las entrevistas en profundidad son complementarias; una se vuelve referencial de la otra y pueden determinar la fiabilidad de la información (Pujadas, 2000). La etnografía se realizó en horarios de atención al público en las OBF, se observaron pocas interacciones directas ya que la mayoría requerían privacidad, pero se conversó con migrantes en espera y al salir, facilitado por el hecho de que uno de los autores es también inmigrante racializado. Por su parte, las entrevistas ayudaron a definir lo que ocurre con los agentes de las OBF en cuanto al significado otorgado a su práctica y experiencia cotidiana. Asimismo, conversaciones y encuentros realizados por instituciones estatales, académicas y no gubernamentales ayudaron a comprender la óptica institucional del papel del Estado y de las agencias internacionales en la terciarización de la gestión migratoria.


Contexto organizacional

Estructura de las OBF

Las OBF más antiguas y de mayor envergadura ─territorial y con más de 50 funcionarios─ son el Instituto Católico Chileno de Migración (Incami) y el Servicio Jesuita a Migrantes (SJM), ambas procuran incidencia pública para leyes más humanitarias, campañas de desestigmatización y atención en coyunturas político-sociales. El Incami provee cursos de especialización en legislación migratoria y derechos que son tomados por organizaciones religiosas y civiles. El SJM cuenta con estadísticas e informes completos como el Anuario Estadístico que cruza datos públicos, propios y de origen académico. La Vicaría de la Pastoral Social (Vicaría) de incidencia nacional divide sus tareas teniendo una línea de trabajo migratorio en colaboración con otras OBF católicas y elabora programas para que sean incorporados en parroquias. Las fundaciones Madre Josefa y Scalabrini tienen un trabajo permanente y concentrado en atención migratoria de orientación, mujeres, niñez, talleres laborales, psicosociales y albergues. World Vision (WV) trabaja con niñez en la frontera norte y Santiago.

La Fundación María Ward (FMW) trabajó temporalmente con albergues entre 2020 y 2024 a solicitud municipal y estatal, pero el financiamiento terminó. Las pastorales luterana (PML) y metodista (PMM), FASIC y Ejército de Salvación tienen oficinas en iglesias con programas de trabajo enfocados en asesoría jurídica, psicológica, laboral y espiritual. Educación Popular en Salud (Epes) se enfoca en programas de derechos laborales, sexuales y reproductivos de mujeres. El Servicio Evangélico Migrante (SEM) se implementó en diversas iglesias en las que los voluntarios, estudiantes universitarios en Santiago, daban clases de español, orientación jurídica y cultural, acompañamiento a instancias gubernamentales y asistencia humanitaria. La Agencia Adventista de Desarrollo y Recursos Asistenciales (ADRA) atendió coyunturas migratorias especialmente con dinero y la implementación de estrategias de recepción de población en algunas iglesias en contingencia migratoria de 2018 a 2022.

Las OBF católicas tienen un financiamiento mucho más diversificado que las evangélicas, con patrocinio de la Unión Europea, ACNUR, Cáritas, iniciativa privada, programas gubernamentales, donadores y fundaciones nacionales e internacionales. Las evangélicas suelen depender de uno o pocos patrocinios, por ejemplo, WV y ADRA de la U.S. Agency for International Development (USAID) que ante los drásticos recortes de Donald Trump se vieron obligadas a reducir sus programas y personal; Epes, FASIC, PMM y PML de programas denominacionales de iglesias en Estados Unidos; el Ejército de Salvación depende de un fondo general que se divide anualmente, en él se prioriza la atención en diversos rubros, donde la migración fue motivo de atención entre 2017 y 2024; el SEM desapareció porque no logró consolidar una estructura administrativa y de financiamiento, con base en el voluntariado (2016-2020). De este modo se observa que son las OBF católicas las que cuentan con una estabilidad económica y organizacional más consolidada que las evangélicas.

En cuanto a extensión territorial y tamaño de la OBF hay mucha disparidad. El Incami cuenta con 23 oficinas, mientras que María Ward tiene un solo espacio. La pastoral metodista inició en 2023 con siete funcionarias y religiosas, pero en 2025 ya solo tenía a dos personas en Santiago. El Ejército de Salvación desplegó su labor humanitaria desde Iquique hasta Santiago en una serie de iglesias a lo largo del camino, mientras que la PML, que es pequeña en funcionarios, tiene tres centros de atención en Santiago, Concepción y Punta Arenas. Por tanto, son muy heterogéneas: las católicas tienen mayor estabilidad en su personal religioso y contratado como funcionario, mientras que la incertidumbre financiera de las evangélicas provoca una inestabilidad en sus contrataciones y voluntariado, ya que al disminuir el financiamiento se limitan o cierran programas anualmente.

La estructura refleja estas asimetrías, mientras el Incami tiene oficinas adecuadas para este trabajo, el SEM dependía de la voluntad de iglesias locales para aceptar el trabajo de voluntarios en sus locales, quedando a merced del estado de ánimo de sus integrantes. Fundación Madre Josefa (FMJ) y WV adecuan sus espacios de trabajo para atender grupos de mujeres, mientras que Epes ya los tenía previamente para su labor con mujeres chilenas. La PMM en Santiago y la PML en San Bernardo no siempre tienen anuncios que indiquen su presencia, son reconocidas más por el boca a boca, redes con iglesias y organizaciones pro migrantes y se les dotó de espacios dentro de las mismas iglesias. Las organizaciones con más recursos y estabilidad son las que pueden habilitar sitios específicos de atención migratoria, mientras que las más pequeñas adaptan lo disponible para talleres, atención personalizada o contención.

La tensión entre humanitarismo y seguridad

López Reyes y París Pombo (2023) consideran que el humanitarismo y las políticas de seguridad son dos caras del modelo de gobernanza migratoria promovido por organismos internacionales como la OIM. En concordancia con Fassin, la razón humanitaria es un mecanismo de “inclusión y exclusión, se basa en la vulnerabilidad, la enfermedad y la fragilidad de los migrantes, mientras que las instituciones y organizaciones humanitarias operan bajo la lógica de la compasión” (López Reyes & París Pombo, 2023, p. 18). En la tensión entre Estado y OBF, estas fungen como auxiliares del control migratorio, pretendiéndolo o no, aunque aceptan que colaboran con un Estado que criminaliza y, a su vez, requiere de alianzas en labores humanitarias que presentan un limpiamiento de imagen del Estado por garantizar un mínimo de derechos.

Cada OBF, de acuerdo con su magnitud, tiene relación con alguna o varias entidades estatales. El Incami y el SJM la tienen con el legislativo y en ocasiones con el ejecutivo; la FASIC con municipalidades de Arica, Iquique o Santiago; FMW con Estación Central; Fundación Madre Josefa con Iquique, La Serena, Santiago, Talca y Temuco, y así cada una tiene relaciones en distintos niveles, incluidas seremias (secretarías regionales ministeriales) de educación, salud e infancias. Ello produce relaciones particulares de especialización. Por ejemplo, las municipalidades están impedidas de otorgar ayuda a personas sin RUN (registro único nacional), mismo que ningún irregularizado posee. En estos casos, la ayuda humanitaria puede asegurar desde mercadería hasta albergue temporal canalizado por medio de OBF pequeñas como FMW, PML o Ejército de Salvación (Edes).

El Incami, el SJM, WV y la ADRA han tenido acuerdos con el gobierno nacional y agencias internacionales como ACNUR, OIM, entre otras, que implementaron enormes programas de atención a la contingencia humanitaria durante la pandemia en la frontera norte y Santiago de 2020 a 2022, cuando fue el momento de mayor ingreso por pasos no habilitados. Esto implicó la contratación de servicios sanitarios, infraestructura temporal, alimentación y profesionales de psicología, trabajo social, enfermería, sanitización, etcétera. Estos espacios se habilitaron en Colchane, Arica, Iquique, Antofagasta, Valparaíso y Santiago como destinos más socorridos por los migrantes.

En la frontera norte, además, implicó alianzas con iglesias locales por medio de la Vicaría de la Pastoral Social en el caso católico, y las alianzas de pastores locales en el caso evangélico, pues la población migrante colapsó las capacidades de todas las OBF y de las OSC. En cambio, Santiago por su magnitud y cantidad de OBF e iglesias aliadas no alcanzó las mismas proporciones. Los asistentes del norte también tuvieron muchos más problemas de agotamiento emocional y físico. Epes en Santiago habilitó “ollas comunes” (también conocidas como comedores comunitarios) organizando y capacitando a mujeres chilenas y migrantes, mientras se desarrollaban talleres contra la violencia de género, redes de apoyo, cuidados infantiles y auxiliaban a organizaciones civiles como la Asamblea Abierta de Migrantes y Promigrantes de Tarapacá, en el norte; OBF más pequeñas colaboraron como instancias vinculadas a las grandes, en las que se canalizaba a personas por situaciones específicas.

FASIC y FMJ en Arica e Iquique amortiguaban un poco a SJM y a Incami al atender posibles casos de regularización, brindar primeros auxilios a infancias y mujeres, así como recanalizar hacia otras instancias civiles y gubernamentales de albergue y atención médica. En las OBF se establecieron filtros de atención humanitaria que priorizaban a mujeres e infancias, detectaban posibles traficantes de personas, disminuían el trato con masculinos adultos para atenuar casos de violencias y adicciones que podrían poner en riesgo a los más vulnerables. Esto obligó a que muchos masculinos solos, en pares o con familia, deambularan más por las calles, en una situación precaria de hambre, malestar social y psicológico que acentuó conflictos con los pobladores locales. En Santiago, a los masculinos más enfermos y con infancias se les atendió en instancias estatales y en la Fundación Juan Bosco.

La perspectiva de género es uno de los elementos del régimen generizado de control migratorio (Gil Araujo et al., 2023) que comparten instancias estatales y OBF con las que hombres adultos quedaron más a la deriva de la atención humanitaria. En albergues y atención humanitaria se privilegia a las madres con hijos menores de edad, debido al interés superior de la infancia en situaciones de vulnerabilidad. Algunos albergues reciben solo a mujeres en cualquier situación y a familias completas. “La violencia es un modo de relación, a nivel de pareja, y con los niños. O sea, de otro tipo de violencia, que no necesariamente llega al golpe físico, psicológica” (Mujer, 57 años, Fundación María Ward).

Hay que entender que muchas de estas personas vienen muy perturbadas emocional y psicológicamente, que seguramente en este camino tienen que haber mentido, robado, para sobrevivir. Entonces, como que todavía no se sitúan que están en un espacio seguro y no necesitan mentir. (Mujer, 52 años, FMJ)

El Estado también generizó la atención al migrante, por ejemplo, al establecer filtros en los buses del norte a Santiago, en ocasiones responsabilizaba de esto a las OBF y municipalidades, en los que se prohibía el acceso a hombres solos, de modo que había confluencia de jerarquización en la atención.

WV ya había realizado un registro biométrico antes de que ACNUR lo solicitara en 2023. Cada OBF guarda un registro para dejar evidencia de atención a los patrocinantes y salvaguardar los derechos de los migrantes ─cuando eso sea posible─ en su camino de la frontera norte a Santiago o de Chile a Perú y Bolivia. Cuando el Estado realizó un empadronamiento biométrico entre mediados de 2023 e inicios de 2024, el SJM ya tenía una estadística aproximada de la cantidad de migrantes en situación irregular. Estos datos son resguardados por cada OBF, algunas hicieron traspaso de información a OIM y ACNUR con el acuerdo de que no serían divulgados.

Asimismo, el patrocinio de estas OBF, cuando proviene de agencias como ACNUR, OIM o el Estado chileno, tiene cláusulas de derivación del dinero a población o infraestructura específicas, lo que restringe la atención que brindan estas organizaciones. Algunas OBF buscan ahorrar dinero y utilizarlo para atender a personas no especificadas en el patrocinio. Las organizaciones más grandes como SJM, WV y ADRA, si bien tienen acceso a montos importantes de dinero, deben limitar su acción a aquello para lo que se destina, mientras otras más pequeñas pueden tener mayor autonomía, pero menos recursos.


Hallazgos: el encuentro con la alteridad

Perfiles de personal

Las motivaciones para trabajar en una OBF suelen diferir según el perfil: voluntarios, funcionarios y religiosos. Aquí hay una limitación metodológica pues no pudo haber acercamiento con quienes han renunciado a trabajar con migrantes por distintas razones, por lo que se entrevistó a gente comprometida con su oficio, según se desprendió de las observaciones y conversaciones. Con esta acotación se hizo la siguiente clasificación.

Los voluntarios suelen llegar al trabajo humanitario debido a su afinidad religiosa centrada en el amor al prójimo, a hacer un currículum o a tener una experiencia vital. Quienes tienen más años han atendido diversas contingencias sociales e invocan principios y llamados espirituales:

Partimos como pastoral obrera en el 84… como pastoral migrante en 1995, el obispo me pide organizar el trabajo con la migración peruana en ese momento… Lo hago por vocación de servicio a toda persona, Dios a mí me ha sacado de tantas cosas, una vez casi de la muerte, ¿cómo no voy a servir al prójimo? (Mujer, 61 años, Incami)

La idea de la iglesia siempre es ir en ayuda de los más oprimidos, los desposeídos… iniciamos con la pastoral haitiana, después formalizamos desde una perspectiva de que toda persona tiene derecho a migrar y tiene dignidad por sí misma. (Hombre, 37 años, PMM)

Los funcionarios tienen dos orígenes: expertos en asuntos sociales y migratorios con experiencia mayor a dos años, y aquellos profesionales recién salidos de carreras universitarias en ciencias sociales y humanidades. Para aquellos/as que es su primera experiencia laboral hay más impactos emocionales: “es muy chocante para mí cuando registro personas muy jóvenes, tienen tres niños y 20 años y yo así shockeada. Yo tengo 24 años y no tengo hijos, ni pienso tener” (Mujer, 24 años, WV);

Me shockea mucho el trato de los chilenos al venezolano, una chica con su hijo, se lo quitó un carabinero ─y no lo harían con un chileno─ y a ella la escupieron en la calle porque estaba trabajando de manera ambulante en la calle. (Mujer, 22 años, Edes)

Así, pasan a una identificación con aquellos sujetos con quienes trabajan, a pesar del impacto inicial, tanto por orígenes sociales distintos como por reconocer un trato violento de los connacionales.

Hay funcionarios que se identifican con alguna rama del cristianismo y otros que no, aunque suelen concebir la creencia en “algo” trascendente o espiritual que impulsa la vida, un asombro ante el que queda la humildad y el agradecimiento (Otto, 1980). Ese trabajo es para quienes pueden verse en el espejo del otro, amortiguando el desgaste emocional de escuchar y observar situaciones inhumanas con el agradecimiento que reciben de los migrantes:

Yo no tengo una religión declarada, pero me siento cercana a una creencia… uno que no está dentro de la situación, es un choque que alguien te cuente cómo cruzó las fronteras; desarrollé más comprensión y empatía solo al ver lo que pasaron. (Mujer, 23 años, FASIC)

A la par, se crean relaciones de amistad y redes informales de soporte entre funcionarios y voluntarios de diversas organizaciones en encuentros que se hacen en Incami, municipalidades y fundaciones pro migrantes, por lo que desarrollan un ethos entre los genuinamente interesados en el extranjero alterizado. La mirada del otro se transforma de una compasión general a una mediación pro migrante.

Tres elementos propician una alta rotación de funcionarios: los salarios que suelen ser bajos; ocupar esta etapa como un eslabón para crear una trayectoria profesional que después les permita ejercer su profesión en otro lado; y, la carencia de introspección frente al otro ─aceptar al otro como igual y no en condición de subordinación─. Si un sentido inicial de etnocentrismo y habilidades personales de apertura no son confrontados por el encuentro con el otro, se mantienen el clasismo, racismo y xenofobia, incorporados en la cultura propia: “la chica venía a hacer sus prácticas solo una hora, no venía todos los días e intentó humillarme cuando no le firmé su documento porque había incumplido: ¿y quién eres tú que ni siquiera tienes título?” (Mujer, 61 años, Incami). Por el contrario:

Muchas veces puedo tener mucha rabia y muchos cuestionamientos, pero nunca dejo que eso cambie mi trabajo, no les hago saber eso a las personas y las atiendo… Tengo que ser más agradecida porque no son cosas que ellos quisieron, es algo que les pasó a su país. Tuvieron que salir. Eso es lo que a mí me llena, escuchar sus historias desde otras perspectivas, que nadie está libre de que le pasen esas cosas… Quizá es mínimo, pero sí te puede cambiar la vida que otra persona te trate con dignidad, escuche tu historia y le dé protagonismo… (Mujer, 24, años, WV)

Los religiosos tienen formación académica en teología y muchos en ciencias sociales y humanidades. En ellos se percibe un alineamiento discursivo en torno a los medios y fines de las OBF, basados en los derechos humanos, el éxodo bíblico y el pasaje de Mateo 25 que señala al Cristo hambriento, preso y forastero. La mayor parte son chilenos y, en menor medida, latinoamericanos y europeos. Hacen énfasis constante en la empatía por otro ser humano, sin importar si la persona está en situación de calle, irregular u otra condición, prevalece el criterio género y edad como una forma de jerarquizar vulnerabilidades, ya que no es posible que alguna OBF atienda a todos y los recursos son insuficientes: “Anteponen [los scalabrinianos] la dignidad a cualquier elemento, una dignidad vista desde la doctrina social de la iglesia… todos somos hijos de Dios... somos parte de la creación y estamos aquí para servir” (Hombre, 38 años, FS).

Lo que vincula a funcionarios, voluntarios y religiosos no es la religión, sino una perspectiva de derechos, la sacralidad de la vida y la dignidad humana por encima de todo, una posición humilde en el mundo al reconocer que uno podría ser el próximo migrante y el agradecimiento de estar vivo en una situación relativamente cómoda. Esta labor establece “Una política de la vida contra las políticas de la indiferencia” (Agier, 2015, p. 52). Esto a veces deriva en situaciones que pueden implicar riesgos personales:

Eran dos, tres, cuatro de la mañana y nos buscaban… Entraban al templo y estábamos obligados a darles algo, a veces se ponían más agresivos. Ayudar a un migrante no representaba una buena percepción de los ciudadanos… Al tú ayudarles, significaba que les ayudabas a quedarse ahí y hacía el trabajo a escondidas y daban pena las familias. Me dijeron “si usted pone un letrero acá, le van a tirar piedras y le van a hacer daño a usted porque no queremos migrantes acá”… En la mochila llevaba a escondidas, a veces el donante se siente bien si envías fotos, pero no podía tomar fotos. Llegaba y le decía, “Cómo está, toma, Dios te bendiga” y abría la mochila así escondidito. (Hombre, 48 años, Edes)

La frustración en ellas es muy potente porque son profesionales muy jóvenes, son muy nuevitas y les cuesta mucho dar respuesta. Nos ha pasado que algunos venezolanos se han puesto violentos de verdad, hemos puesto límites. Yo: “no lo atiendan más”, “lo vamos a denunciar”, para que ellas sientan que estamos protegidas. La contención, la escucha permanente, tenemos una vez al mes… A veces les tengo que decir “para ahí”, sabes que pasan los límites cuando dan sus celulares personales. (Mujer, 52 años, FMJ)

Por circunstancias particulares, también hay cambios de opinión en quienes comienzan a percibir una relación peligrosa entre migración y delincuencia, cuando ya no participan en actividades directas con migrantes. La falta de contacto directo con la población migrante más vulnerable parece trastocar opiniones:

Intentábamos desmantelar la idea de colombiano narcotraficante, la mayor parte de delitos por extranjeros eran de bolivianos que pasaban drogas como burreros, pero hoy no sé si podría hacer el mismo taller. Hoy, especializándome en estadísticas criminales, es menos así, no por la cantidad, sino por las modalidades. (Hombre, 32 años, SEM)

Un caso extremo es el del voluntario que cambia radicalmente como Álvaro Bellolio, responsable de Extranjería y Migración (2018-2022), quien fue voluntario del SJM y ahora es uno de los más fuertes detractores de una política migratoria de regularización y del derecho a migrar. En la política y los medios se ha motivado la hostilidad que ha influido en un auge de xenofobia hacia migrantes (Gissi & Aguilar, 2023) y en ellos ha producido “estados colectivos de malestar, temor y miedo” (Domenech, 2020, p. 6). Ante este panorama, el Comité Permanente de la Conferencia Episcopal de Chile reitera su misión:

(…) promover en la sociedad chilena una mirada más integral del fenómeno migratorio… recalcan la necesidad de cambios sistémicos para enfrentar las fragilidades que viven tantos migrantes e invitan a comprender la migración como un aporte más que como una amenaza. (Comité Permanente, 2024, p. 42)

La falta de empatía disminuye o anula la humanidad del otro, deviene en humillación; el reconocimiento, por el contrario, implica que un individuo merece el respeto intrínseco a su dignidad como persona. Bauman denomina marginales a aquellos que son objeto de odio y resumen los temores de la sociedad de recepción: “Todas estas personas están hechas a la medida de nuestros miedos” (Bauman, 2011, p. 154). Así, la criminalización de los migrantes como enemigos disminuye las acciones solidarias hacia estos o hacia las organizaciones que los apoyan.

Álvaro Bellolio, director de Migraciones durante el gobierno de Sebastián Piñera (2018-2022), instaló la idea de que el SJM promueve la migración irregular y acusó al gobierno de Gabriel Boric de ser dirigido por jesuitas. A esto le denomina buenismo: “Ellos prefieren que no se expulse a traficantes de niños porque son extranjeros” (Prensa Radio Agricultura, 2021). Frente a este encono, las personas de las OBF al incorporar una visión humanitaria y de derechos responden: “Me molesta ese tipo de información, yo lo tengo que desmitificar en mi núcleo cercano con mis familiares, mis primos. ‘Oye, ¿es verdad esto?’, ‘no, no es verdad’, porque sale en las noticias” (Hombre, 35 años, Vicaría). Frente a la xenofobia:

Me lo tomo personal, no falta el familiar que “ah, ¿usted trabaja para echarlos a todos? A ellos les dan más cosas que a nosotros”. Una familiar me preguntó: “¿es verdad que a ellos les dan las casas más fácil?” ¡Ellos no tienen RUT, ni siquiera pueden contratar internet, esas cosas no pasan! Tengo la responsabilidad personal de ir derribando esos mitos y comentarios que voy escuchando alrededor. (Mujer, 25 años, FMJ)

Estar a favor del derecho a la movilidad no implica una idealización de los migrantes y el potencial conflicto ante la otredad:

Ese reacomodo (poblacional) va a generar tensión, conflicto. Entonces hay que solucionar ese conflicto porque no se va a volver atrás, Chile no va a volver a ser como sin migrantes. Hay que saber orientar y relevar esas tensiones para que no quede en un conflicto infinito. (Hombre, 35 años, Vicaría)

El conflicto entre chilenos y los migrantes de origen venezolano, colombiano y haitiano, cuando es evidente que están en una situación de empobrecimiento, sumado a la racialización y la irregularidad real o imaginada, genera hostilidad constante. Las mujeres negras de pocos recursos son constantemente acosadas por hombres chilenos que al ser rechazados les gritan “negra culiá” (palabra para humillar); a los colombianos se les trata de narcotraficantes y prostitutas; mientras que a aquellos vistos como empobrecidos se cree que cruzaron de manera irregular y se les desprecia, roba o insulta con relativa frecuencia.

Terciarización de funciones e incidencia pública

Las OBF atienden a personas rechazadas por el Estado (Celis et al., 2022). Una función es protegerles durante el proceso migratorio ante un Estado que desprovee a los migrantes más vulnerables (Tapia Ladino & Ramos Rodríguez, 2013). De acuerdo con Vasconcelos, en el caso de la acogida de venezolanos en OBF de Brasil, estas:

(…) instituciones no estatales producen cierta privatización y terciarización de funciones gubernamentales… Paradójicamente, las ONG, que reivindican la construcción de políticas públicas del Estado, son las mismas que actúan en la brecha dejada por la no incidencia de políticas gubernamentales para atender la emergencia de la acogida de los migrantes. (Vasconcelos, 2022, p. 192)

Esto mismo ocurre en Chile, a la par de las condiciones de atención y patrocinio asimétricas entre diversas OBF, por tanto, “la coordinación con las reparticiones públicas es coyuntural y limitada a los casos de difícil solución” (Tapia Ladino & Ramos Rodríguez, 2013, p. 235). Una fundación indicó: “El próximo año no vamos a poder atender a gente sin papeles porque nos está financiando el gobierno. Lo que vamos a hacer es atender 80% regulares y 20% irregulares, ¿cómo vamos a dejar sin nada a los más vulnerables” (Anonimizado). En otra, por el contrario, se comentó que: “no nos pusieron ninguna cláusula de que no atendiéramos a migrantes indocumentados” (Anonimizado). Así, parece que hay directrices discrecionales sobre el uso de recursos de origen estatal. Mientras algunos religiosos evitan emitir comentarios críticos a uno u otro gobierno, ciertos funcionarios son claros en sus críticas a la (in)acción del Estado: “Es un desafío porque trabajamos con la gente que nadie quiere, ni el Estado la quiere y no quiere verla, no la quiere escuchar” (Mujer, 52 años, FMJ).

La relación con el Estado es vista por Casillas R. (2021), en México, como de colaboración, tensión y conflicto, y puede ocurrir simultáneamente. En Chile colaboran en la atención humanitaria por medio de financiamiento y organización de la atención, tienen diferencias con respecto a la irregularización migratoria, mientras se tensionan las relaciones con respecto a atender a irregularizados que ya están en Santiago al negarles financiamiento para estos fines. Las OBF operativizan y representan un ahorro social, político y económico para los recursos del Estado, el cual subsidia la solidaridad como condición desincentivadora que coloca a los migrantes en una posición precaria, lo que vulnera sus derechos y reduce situaciones sociales caóticas, perjudiciales para la imagen del gobierno en turno. Las OBF al tener una perspectiva de derechos intentan no mantener una relación de dependencia con los migrantes porque saben que el humanitarismo puede crear condiciones de subordinación y desempoderamiento. En los talleres de FMJ, WV, Epes y PMM, que se imparten a mujeres sobre contención emocional y duelo migratorio, se enfatiza y toman medidas para que entre ellas tejan redes de apoyo mutuo, propongan formas de ingreso monetario y creen rutas de vida para el futuro próximo con la finalidad de que no dependan permanentemente del apoyo humanitario.

Es preciso recordar que la asistencia humanitaria representa una situación asimétrica y potencialmente peligrosa y vergonzosa para los migrantes al enfrentarse a una entidad desconocida que podría abusar de su poder (Langner, 2022). Al mismo tiempo, las OBF representan un desafío cotidiano, político y cultural a las políticas restrictivas y criminalizadoras hacia los migrantes e impiden la homogeneidad en la discusión migratoria (Coutinho, 2022).

OBF en solidaridad con la movilidad humana

La atención a una coyuntura humanitaria puede motivar la solidaridad, pero no neutraliza las fricciones cotidianas y la “fatiga por compasión” (Banulescu-Bogdan et al., 2024). La efervescencia en la atención a los migrantes venezolanos en iglesias evangélicas de Chile, entre 2019 e inicios de 2020 (Church World Service, 2020), disminuyó durante la pandemia. Sin embargo, iglesias como la metodista y la luterana modificaron su labor asistencial a una visión de derechos por medio de una pastoral con relativa autonomía, que buscó recursos económicos del exterior. Mientras que el SEM, basado en el voluntariado, nunca pudo consolidar una estructura institucional ni acceder a un patrocinio continuo, una de las razones por las que desapareció en 2020.

La solidaridad no es estática, se fomenta o desincentiva según los tiempos políticos, económicos y en función de las propias OBF:

En las iglesias [evangélicas] era más fácil empatizar con el haitiano porque era “pobrecito, mira, no sabe español, viene con la pura polerita y hace frío”. Entonces había todo el asistencialismo y se sentían súper espirituales porque acogían al extranjero, pero con el venezolano no les pasaba lo mismo. Creo que buena parte de la incapacidad del SEM para reinventarse pasó porque la gente no empatizaba de la misma forma con el colombiano y el venezolano. (Mujer, 32 años, SEM)

La trayectoria migratoria como condición interseccional incide en la solidaridad. Si el haitiano fue visto como desvalido del todo, pero buena persona, se le asiste con mayor facilidad, mientras que quienes son vistos como malos y responden como iguales de tú a tú ─venezolanos y colombianos─ no provocaron el mismo auxilio entre los evangélicos que patrocinaban las acciones del SEM. La profesionalización permite la continuidad y la universalidad del trato y evita decisiones autoritarias, aunque restringidas al patrocinio, y temas como el aborto se limitan en casi todas las OBF.

El Papa Francisco y los teólogos de la migración sitúan en un papel central a los descartados, por encima de la condición de género, religión, nacionalidad, étnica y racial, retoman la idea de traspasar la cercanía física para ir al encuentro del otro en el que se mira a Cristo (Martínez Cruz, 2024). El horizonte del reino de Dios se encarna en los migrantes vulnerables. El cristiano es extranjero en la tierra y no es dueño de la porción de tierra donde vive, por tanto, suplica el pontífice: “Ayúdanos a no dejar nunca de caminar junto con nuestros hermanos y hermanas migrantes hacia la morada eterna que tú nos has preparado” (Francisco, 2024).

En contraste, los evangélicos no suelen tener una teología formal de la migración, sino fragmentada y espontánea, aunque llegan a conclusiones semejantes (Church World Service, 2020; Rayos García, 2020). Sus iglesias están más ligadas a las dinámicas de las familias participantes y al entorno inmediato (Mosqueira & Algranti, 2019), por lo que fenómenos como el migratorio, a no ser “que toque a su puerta” (Hombre, 36 años, PML) es algo a soslayar y de lo que hay poca reflexión teológica-social local (Rayos García, 2020; Soto Reyes, 2016). Mientras los católicos suelen elegir su misión, los evangélicos se consideran elegidos para esta misión. A pesar de las diferencias entre unos y otros, quienes tienen más contacto intencionado con migrantes dejan de alterizarlos y pasan a verlos como iguales, otros que podrían ser sí mismo.

Las OBF, como instituciones que deben resguardar protocolos y cuidado de recursos, se tensionan con las dinámicas humanas que responden a la solidaridad más allá de “la inmediatez de su triunfo” (Levinas, 2000, p. 55), de los resultados a presentar con los patrocinadores. Cada OBF debe demostrar resultados, lo que también implica cierta publicidad y por otro lado deben evitar una impostura:

Cuando tú ayudas tienes poder sobre la otra, entonces, es un discurso muy atractivo “yo ayudo”. Hay harta gente que no puede dar un pan sin sacarse una selfie y cosas así. Pero cuando te ponís para que el otro sea un sujeto y no solo un objeto, entonces ya no te sirve. En algún momento la ayuda tomó un carácter de convertir a la persona en un objeto y no subjetivarlo para ayudar, y allí dejó de ser atractivo ayudar para mucha gente. (Hombre, 36 años, PML)

Quienes trabajan en las OBF también pueden ejercer una cosificación del otro como objeto y no sujeto. La humanización de la alteridad, el cuidado del otro, se encuadra desde los religiosos en la imagen del buen samaritano, que para Dussel (2003) ofrece una reflexión decolonizadora de la solidaridad frente a las prácticas legales y de prestigio que representa el orden institucional. La enemistad es el momento esencial de la tensión política, pero la solidaridad es una “emotividad crítica volcada a la exterioridad sufriente de la víctima” (Dussel, 2003, p. 209). La responsabilidad es con el otro preexistente, “no es una terapia estoica de los deseos… sino simple y directamente la ‘terapia público-política del Otro’ en la que le va la vida al que se arriesga peligrosamente al comprometerse por el Otro” (Dussel, 2003, p. 210). Parrini Roses y colaboradores (2021, p. 200) apuntan que “el humanitarismo interviene en momentos en que la vida no puede ser garantizada y se encuentra a merced de aquellos que tienen poder sobre ella… una política de la vida precaria”.

Encuentro con el Otro

Para Buber, la solidaridad existe en relación antes que en comunicación, de allí surge una responsabilidad amorosa entre el yo y el (Bolaños, 2010). El encuentro humano se presenta en donde acto y palabra de lo singular se enfrenta a la alteridad cuya condición es la pluralidad. No hay migrante en abstracto, sino una multiplicidad heterogénea de migrantes que adquieren rostro con y más allá de las características de nacionalidad, clase, raza o género: “Yo veo que desde la autoridad, como no tienen cercanía a la gente, no escuchan los relatos como estos, para ellos los migrantes son un número nada más” (Mujer, 49 años, PML).

Estas OBF se colocan más allá del asistencialismo y ven a los migrantes como agentes sociales (Moreno Mena & Niño Contreras, 2013); no obstante, es complejo tratar el etnocentrismo propio que puede situar a los otros como subdesarrollados que deben ser colonizados con los saberes de la cultura dominante. Es complicado distinguir, por ejemplo, el auxilio en el machismo y la cultura sin implicar juicios desde una posición de poder:

Les tratamos de explicar que las vamos a valorar por quienes son, no por su cuerpo. Y eso les cuesta mucho entenderlo... terminan ellas en relaciones muy sexualizadas, porque todo lo sexualizan; pero es como la cultura... por eso siempre caen presas de acoso sexual porque se confunde su forma de relacionarse, porque el chileno acá es “pasado por la punta” si tú eres un poco coqueta. (Anonimizado)

En Chile durante los últimos años se aceleró un proceso de reconocimiento de las violencias contra las mujeres, a partir de las protestas y logros feministas. La violencia de género es tratada en las OBF desde la experiencia de las voluntarias y funcionarias chilenas, por lo que las violencias pueden ser percibidas de distinto modo entre las inmigrantes, aunque lo cierto es que se crean espacios de reconocimiento mutuo. Cuando las migrantes se reconocen en situaciones de riesgo de violencia son acompañadas para autonomizarse de la pareja y, en algunos casos, proceder a una denuncia. Los límites entre el respeto a las diferencias de género y la erradicación de las violencias pueden crear confusión en las mujeres que se perciben entre víctimas y agentes. Por ejemplo, se observó a dos mujeres irregularizadas que conversaban sobre cirugías estéticas como maneras de percibir una belleza anhelada, añadiendo un capital de elegibilidad en el trabajo y en la pareja. Hay una tensión entre asumir un valor validado culturalmente, lo que implica asumir la belleza hegemónica y, por otro lado, un capital para procurar una mejor vida como agentes. Las chilenas ven esto como una vida en función de la aprobación masculina, pero es un fenómeno más complejo que requiere profundizaciones posteriores.

Quienes son trabajadores sociales, psicólogas y otras profesiones humanísticas se involucraron en sus carreras para incidir en la mejora de la vida social. Este punto de partida los sitúa ya en una búsqueda de apertura a la comprensión de lo que sucede con el otro. Algunos recuerdan su infancia con carencias económicas, situaciones complicadas que trasladan al momento de ponerse en los zapatos ajenos. Se trata de actividades emocionalmente desgastantes. Pero también se recibe. ¿Qué se espera del que recibe algo? Se esperan al menos tres elementos: gratitud, reciprocidad a otros y autosuficiencia.

La gratitud es el elemento que más se expresa como algo que llena el corazón de quienes atienden a los migrantes, porque al menos se les dio un rostro y una escucha humanas, pasó de lo cordial a la calidez. Quien está agradecido con la vida o con Dios espera algo, ya sea palabras de gratitud o que quienes fueron beneficiados por la atención la retribuyan a otras personas que la necesitan. La esperanza es que esos otros amplíen la reciprocidad y adquieran más autoconfianza (Levinas, 2000).

El deseo final es la autonomía o autosuficiencia de las personas para una vida digna. No obstante, se sabe que en muchos casos es un anhelo truncado por una política migratoria restrictiva que mengua la esperanza. La asistencia se hace necesaria. En ocasiones predomina la desesperanza porque hay familias que intentan vez tras vez lograr una vida digna, pero no la alcanzan. Algunas reemigran en condiciones precarias a otro país.

Los funcionarios más experimentados suelen haber trabajado con otros sectores como población en situación de calle, en pobreza extrema, con mujeres que experimentan violencia, entre otros. De este paso al trabajo con migrantes identifican un hermanamiento situacional:

Mi vocación se ve plasmada frente a una emergencia como esa, a pesar de que tengo una condición de salud que me era riesgosa, y va cambiando el sentido de apoyar, ¡sabías que te necesitaban! ¡Era fuerte! Ese momento cuando sabes que tienes que poner el grano de arena. Partí sin conocer la migración, trabajé con discapacitados, adultos mayores. Fue un cambio rotundo de perspectiva. A veces uno invisibiliza todo el daño que viven estas personas en el proceso de emigrar, no tiene idea de cómo les fue cruzando Perú, Ecuador… Soy católica, no sé si soy tan practicante, pero soy muy creyente y tengo una educación con las hermanas, un equipo de sentido congregacional… Trabajo con la población más vulnerable. Cuando veo a las feligresas que van con las hermanas y se pegan golpes en el pecho les digo que Jesús era migrante, por muchos años lo anduvieron persiguiendo; si uno rechaza a un migrante también está rechazando a Dios porque allí está la vulnerabilidad. Si llega un niño venezolano y lo rechazo, estoy rechazando a Dios. (Mujer, 42 años, FMJ)

Las experiencias traumáticas de la migración son escuchadas, se aprende a comprender actitudes como desesperación, exigencia de atención, agresiones verbales; son explicadas, ya no desde la reacción inmediata de naturalizar características negativas de los migrantes, sino desde el vínculo continuo con otros. La solidaridad activa el trabajo en red, el acompañamiento mutuo entre las diversas OBF, OSC y entidades gubernamentales de diversas municipalidades y organismos regionales. El encuentro transforma a quienes escuchan, conocen y conviven con el otro, no solo como vulnerabilizado, sino como humano, y potencia la humildad ante la incapacidad de solucionar la vida de otros. El migrante es una imagen de Cristo para los cristianos, mientras que para los no afiliados es una persona con la misma dignidad que cualquier chileno: “Hay que tratarlos como a las demás personas” (Mujer, 32 años, SEM).


Conclusiones

Las OBF no surgieron solo para atender a migrantes latinoamericanos, sino que suelen provenir de experiencias previas de atención a personas en situación de calle, mujeres violentadas, sectores empobrecidos, entre otros. La atención a migrantes es una extensión de la mirada compasiva a un sector que emergió como necesitado de auxilio en una estatalidad que endureció las reglas contra ellos. El Estado chileno no produjo el problema, pero sí coadyuvó al aumento por pasos irregulares al dificultar el ingreso regular, a la vez que política y económicamente era difícil que mantuviera la atención humanitaria que requería el suceso, especialmente durante la pandemia.

Dicha irregularización también provocó una serie de necesidades a partir de la imposibilidad de acceso al empleo formal y la agudización de la estigmatización del sujeto migrante como agente de deterioro de la calidad de vida en Chile. Las OBF han colaborado en ambos frentes: la gestión migratoria y la atención humanitaria con todas sus subdivisiones en frontera ─alimentación y albergue─ como al interior ─derechos, contención y soporte.

Al interior de las OBF ocurren encuentros situados en distintas escalas de emociones. Al clasificar al personal en voluntarios, funcionarios y religiosos permite ver que las OBF son espacios de diversidad ideológica que, no obstante, convergen en sus intereses humanitarios basados en los derechos humanos y la sacralidad de la vida; que hay una cierta autonomía respecto de las ortodoxias dogmáticas, pues se incorpora la perspectiva de género y la atención universal no proselitista.

El encuentro con migrantes no está exento de tensiones, contradicciones, limitaciones y sufrimiento. En un primer momento aparecen choques socioculturales entre nosotros y ellos, que con contacto continuo se transforman en comprensión y escucha, en humanización y mediación con la sociedad receptora. La profesionalización motiva la utilización de protocolos para evitar que las asimetrías del encuentro deriven en prácticas abusivas. Para los migrantes que utilizan estas OBF son un capital para sobrevivir en términos corporales, sociales, laborales, culturales, emocionales y espirituales. Se trata de una acogida limitada, precaria, pero que muestra un rostro humano a personas que no son bienvenidas y tienen redes de apoyo muy frágiles. Allí el significado de la solidaridad, siempre cambiante, deriva en una focalización y jerarquización de los vulnerables-agentes que no se pueden quedar en condición de víctimas permanentes, de allí que se fomente su autonomía.

Las OBF se muestran como espacios vinculantes y cohesionadores que no necesariamente comparten las iglesias matrices. El encuentro con el otro ocasiona un derrumbe de las barreras al reconocimiento mutuo y una búsqueda de comprensión de quien habla y del lugar desde el cual emite su voz, sus movimientos, sus emociones. Esta acción surge de la enseñanza cristiana del rostro de Cristo en el despreciado, el marginal y el que aparentemente, en un primer momento, no tiene nada que dar. Quienes reciben a los migrantes también se sienten beneficiados, agradecidos porque han tenido un poco más de fortuna; a la vez, las palabras y gestos de agradecimiento alimentan la acción solidaria.

Simultáneamente, la precariedad y la xenofobia en la sociedad chilena impiden que haya amplios patrocinios a estas acciones humanitarias por considerarlas opuestas a los intereses de seguridad nacional. Las OBF tienen problemas de patrocinio porque muchas dependen de ayuda internacional, mientras que los donativos nacionales son escasos. Este trabajo es criticado por algunos políticos, sectores sociales, vecinos y correligionarios que prefieren “cuidar la casa” antes que dejar que “entre cualquiera”. Las OBF son criticadas por ayudar a los migrantes antes que a los chilenos, pero su obra no es más que la extensión de un trabajo previo con nacionales.

La tensión chileno-migrante, explotada por políticos y medios, da pauta a una alterización que desmerece la humanidad del recién llegado como persona que no debiera estar en Chile, lo que a su vez provoca un retraimiento de migrantes más vulnerables en comunidades de extranjeros. Las OBF funcionan en este contexto hostil como mediadoras, aunque siempre limitadas a lo que pueden hacer. Se calcula que son 336 000 los irregularizados (Sermig, 2025). El trabajo hospitalario e insuficiente desgasta, no es bien retribuido económica y socialmente, a pesar de lo cual los asistentes de la migración se transforman en mediadores dentro y fuera de las OBF. Las diadas personal-institución, migrantes-chilenos, Estado-OBF interactúan dinámicamente en colaboración, contradicción y oposición. La presencia de personas-instituciones que procuran vincular antes que separar se hace necesaria ante la fragmentación y precariedad social que involucra a la población nacional, acota los miedos entre unos y otros, convirtiéndose en espacios de una frágil esperanza de convivencia futura en que quienes dan también reciben y quienes reciben dan. Las víctimas se transforman en agentes y la alteridad en encuentro responsable, una incorporación diferenciada y tensa de lo distinto, pero sin sospechas de dolo a partir de las experiencias humanizantes en el encuentro con el otro.


Referencias

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Hedilberto Aguilar
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Miguel Mansilla
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