
| e-ISSN 2395-9134 |
| Artículos | Estudios Fronterizos, vol. 27, 2026, e182 |
https://doi.org/10.21670/ref.2604182
La integración suramericana desde abajo: la propuesta de un índice de transfronterización para Mercosur (2017-2023)
South American integration from below: the proposal for a cross-borderisation index for Mercosur (2017-2023)
Jerónimo
Ríosa
*
https://orcid.org/0000-0003-3574-0116
Ismael Angel
De la Villa Hervása
https://orcid.org/0000-0003-0347-9873
Julio
Gonzalezb
https://orcid.org/0000-0003-1280-2230
a Universidad Complutense de Madrid, Facultad de Ciencias Políticas y Sociología, Madrid, España, correo electrónico: jeronimo.rios@ucm.es, ismadela@ucm.es
b Universidad Militar Nueva Granada, Facultad de Relaciones Internacionales, Estrategia y Seguridad, Bogotá, Colombia, correo electrónico: julio.gonzalezr@unimilitar.edu.co
* Autor para correspondencia: Jerónimo Ríos. Correo electrónico: jeronimo.rios@ucm.es
Recibido el
05
de
agosto
de
2025.
Aceptado el
09
de
abril
de
2026.
Publicado el 16 de abril de 2026.
| CÓMO CITAR: Ríos, J., De la Villa Hervás, I. A. & Gonzalez, J. (2026). La integración suramericana desde abajo: la propuesta de un índice de transfronterización para Mercosur (2017-2023). Estudios Fronterizos, 27, Artículo e182. https://doi.org/10.21670/ref.2604182 |
Resumen:
Este trabajo analiza la integración regional de Mercosur y da cuenta de si han existido avances y de qué tipo, en el periodo 2017-2023. Comienza en un año como 2017, con el ciclo progresista finalizado, recurre a la creación de un índice de transfronterización que permite mostrar tanto la heterogeneidad de las fronteras internas y externas de Mercosur, como su evolución en el tiempo y su geometría variable, a partir de la integración de cinco subíndices y quince indicadores. Se discute con la literatura especializada y se corrobora si las variables económicas y de seguridad son las que más impactan en la integración que acontece en estas fronteras, para ello se propone un ejercicio correlacional múltiple de Kendall y un modelo lineal generalizado (MLG) que permite disponer de una capacidad explicativa de más de 80% de la casuística objeto de estudio.
Palabras clave:
América Latina,
integración regional,
Mercosur,
transfronterización.
Abstract:
This paper analyses Mercosur’s regional integration and examines whether progress has been made and what kind, during the 2017-2023 period. Starting in 2017, with the progressive cycle fully completed, it employs the creation of a cross-borderisation index that shows both the heterogeneity of Mercosur’s internal and external borders and their evolution over time and their variable geometry, based on the integration of five sub-indices and fifteen indicators. It engages with the specialized literature and verifies whether economic and security variables are indeed the ones that have the greatest impact on integration at the borders. To this end, it proposes a multiple Kendall correlation exercise and a generalized linear model (GLM) that provides an explanatory capacity of over 80% for the cases studied.
Keywords:
Latin America,
regional integration,
Mercosur,
cross-borderisation.
Introducción
La integración regional latinoamericana, en general, y la suramericana, en particular, ha sido objeto de estudio a partir de una prolija literatura académica, especialmente en las ciencias sociales, en donde un elemento central ha sido su problematización y el análisis de sus singularidades, posibilidades y obstáculos (Preciado, 2018). Al menos, a grandes rasgos, se pueden encontrar cuatro grandes momentos en la construcción regional latinoamericana desde mediados del pasado siglo XX (Cairo, 2023).
Primero ha de mencionarse el panamericanismo de Estados Unidos, a partir de la promoción de la Organización de Estados Americanos (OEA, 1948) y el desarrollo teórico de la concepción del “patio trasero”, muy cercana a los postulados securitarios de la Guerra Fría, en donde lo que prima es avivar la causa occidental a través de una geografía binaria erigida desde la dualidad comunismo/anticomunismo. Este planteamiento convive, en el escenario latinoamericano, con el conocido “regionalismo cerrado” (Van Klaveren, 1997), regido por la influencia cepalina de finales de la década de 1950 y la apuesta por un modelo de industrialización por sustitución de importaciones. Un enfoque inviable en su realidad e impracticable por la falta de previsión y complementariedad económica, las fallas del “crecimiento hacia dentro” y la proliferación de dictaduras autárquicas a lo largo de la década de 1960 (North, 1990, 2005).
En segundo lugar, tras el fin de la Guerra Fría y el agotamiento de este modelo, emergió con fuerza una apuesta por la integración regional antónima. Espoleada por el Consenso de Washington de finales de 1980, con miras a una globalización de los mercados y un “crecimiento hacia afuera” (North, 1990, 2005), se rediseña toda la arquitectura regional, primando la dimensión puramente económico-comercial. Lo anterior, a partir de incitar y condicionar la proliferación de políticas de aperturismo, liberalización y desregulación (Fuentes, 1994), tanto en el plano latinoamericano, como en una apuesta panregional promovida desde Estados Unidos, tal y como reflejan el proyecto ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas) o el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) (Cairo, 2023).
Este “regionalismo abierto”, plasmado en las transformaciones impulsadas en el Sistema de Integración Centroamericano o la Comunidad Andina, encontró su apuesta más ambiciosa en el Mercosur (Mercado Común del Sur), posible tras los procesos de democratización de Argentina (1983), Brasil (1985) y Uruguay (1985). Un Mercosur que, especialmente en su primera etapa, extensible a toda la década de 1990, priorizó los aspectos económicos y la armonización legislativa, a la vez que el desarrollo de una notable arquitectura institucional que, ya en la década de 2000, aspiraba a crear un área suramericana de integración económica, pero también política.
Empero, tales objetivos quedaron dificultados por la falta de coactividad de sus decisiones, la necesidad de unanimidad y la ausencia de mecanismos plenos para la transferencia de competencias soberanas, entre otros elementos. Una realidad, no obstante, que se ha ido modulando en la última década, en paralelo con la búsqueda de acuerdos interregionales, como el difícil instrumento comercial de naturaleza interregional con la Unión Europea, suscrito a finales de 2024, y tras unas negociaciones que iniciaron en 1999 (Álvarez & Zelicovich, 2020; Ríos Sierra, 2013).
De cualquier manera, y dada la imposibilidad con estos esquemas de integración regional de mejorar los niveles de inequidad, exclusión social o pobreza, además de las brechas territoriales y la situación de colectivos vulnerables, como mujeres o colectivos étnicos, el giro progresista con el que inicia el nuevo milenio, impulsado especialmente por Venezuela y Brasil, y secundado por Argentina, Ecuador y Bolivia, da lugar a una nueva etapa de la integración regional latinoamericana, conocida como alternativa postliberal, posthegemónica o postestadounidense (Bouzas et al., 2007; Riggirozzi & Tussie, 2012).
Dicha apuesta se ve favorecida, no solo por una relativa confluencia ideológica progresista, sino por un ciclo expansivo de la economía, gracias al auge de las commodities y el reposicionamiento estadounidense en la región tras los atentados del 11-S y la prioridad a la agenda securitaria, especialmente con Colombia y después con México, y focalizada en Oriente Medio (Cairo Carou, 2018).
De esta arquitectura regional surgieron proyectos como la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos ─auspiciada por Venezuela en forma de petrodiplomacia─; la Unión de Naciones Suramericanas, superada por sus tensiones y contradicciones internas, pero que aspiraba a conformar el mayor espacio de cooperación intergubernamental político y económico de Suramérica; y, por último, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, concebido como espacio de concertación regional, en clave latinoamericana, pero que se ha consolidado como el más activo y sólido de todos los anteriores, aunque operando en el nivel decisorio más superficial e impreciso de todos (Ríos Sierra, 2017; Sanahuja, 2012).
En todo este tiempo, y en extensión, tras lo sucedido en la primera década del siglo XXI, se desarrolla el comienzo de una cuarta etapa integradora de mayor incertidumbre y discontinuidad, que inicia con el agotamiento del ciclo progresista y la ruptura con la arquitectura posliberal. A estas dos características se añaden otras generales, como la tradicional oscilación geopolítica, el continuismo en el personalismo de las relaciones exteriores latinoamericanas, la desconfianza hacia la conformación de espacios decisorios supranacionales o el retorno de un mayor unilateralismo geopolítico ─favorecido por la propia situación generada por la COVID-19─. Una suma de elementos que ha hecho palpable una integración regional latinoamericana, al menos en apariencia, con pocos visos de evolución desde el fin de la pandemia (Katz, 2024; Malamud, 2023; Ríos Sierra, 2020), aunque sin que ello merme su siempre potencial capacidad de resiliencia (Briceño Ruiz, 2024; Ruiz Camacho, 2025).
No obstante, el abordaje de todos estos elementos que, para la literatura especializada, junto con otros, explican buena parte de la imposibilidad de mayores avances y compromisos en la integración latinoamericana, difícilmente pueden ser cuestionados, entendidos o matizados si no se consigue trascender del predominio de los abordajes estatocéntricos e inmovilistas imperantes en los estudios provenientes, entre otros, de las relaciones internacionales o la geopolítica (Saracho López, 2024). Expresado en otras palabras, cualquier intento por entender con mayor profundidad si desde mediados de la segunda década del siglo XXI ha habido avances o no en la integración regional latinoamericana exige de nuevas escalas, epistemologías y metodologías que, por ejemplo, atendiendo a la frontera, arrojen luz sobre prácticas que, desde abajo, y de una manera generalmente invisibilizada, inciden directamente sobre las lógicas integradoras y sus realidades cambiantes y en continua construcción (Fogel, 2008; Laurín, 2010; Lois et al., 2022; Rhi-Sausi & Oddone, 2013; Soto Acosta, 2017; Zapata Morán et al., 2022).
Una apuesta de estas características, además de entender que la rigidez ontológica de las fronteras y su estatismo en los límites fronterizos ya no responde a las concepciones estáticas de la Guerra Fría, conecta con buena parte de esa nueva forma de interpretar la trascendencia de los códigos geopolíticos securitizadores, en tanto que se asumen nuevos debates en torno a la territorialización, la fronterización y sus transformaciones y resignificaciones (Kolossov & Scott, 2013; Newman, 2006a; Popescu, 2011; Rumford, 2006; Wastl-Walter, 2016). También respecto de la idea de fronteras como elementos omnipresentes que ya no operan como límites sino como mecanismos difusos de control social (Anderson & O’Dowd, 1999; Balibar, 2002) o su continua transformación en la arquitectura regional orientada a la cooperación intergubernamental, en parte rediseñada tras la pandemia causada por la COVID-19 (Aradau & Tazzioli, 2021; Lara-Valencia & Laine, 2022; Lois et al., 2022).
A partir de todo lo anterior, este trabajo hace diferentes preguntas de investigación, conectadas unas con otras: ¿pueden identificarse avances en la integración regional del espacio mercosureño en los años que transcurrieron entre 2017 y 2023?, ¿son las fronteras escalas para un análisis empírico desde el que medir el avance de la integración regional?, ¿resulta factible identificar los factores que afectan en mayor medida a la integración regional que acontece en dichas fronteras? Al respecto, las tres hipótesis aquí propuestas son consecuentes, en tanto que proponen que: 1) en la integración regional, en este caso mercosureña, a pesar del aparente grado de estatismo, se aprecian elementos de intercambio y avance en favor de una paulatina mayor integración regional. Asimismo, 2) concretamente sobre la frontera se pueden desarrollar instrumentos metodológicos que, de manera más precisa, permitan medir el grado de intercambio transfronterizo y, con ello, advertir tendencias o dinámicas que, por lo general, pasan desatendidas en el nivel nacional. Por último, de acuerdo con lo anterior y con la literatura especializada, 3) cabría inferir que los elementos económicos y de seguridad son los que más influyen en la construcción de tejido colaborativo en la frontera y la integración regional desde abajo.
Cumplir con este doble cometido de caracterización de la integración regional en las fronteras mercosureñas, y de medición de esta, exige una extracción de datos estadísticos que desemboquen en un índice de transfronterización que pueda servir para complementar los lineamientos normativos, políticos e institucionales que, generalmente, de manera predominante, son fijados desde el nivel central de los gobiernos. Es decir, un índice de estas características permite parametrizar y analizar longitudinalmente el estadio de intercambio en las fronteras que hacen parte (interna y externamente) de un proceso de integración regional. Asimismo, con un ejercicio de correlaciones estadísticas plurales ha de favorecerse la identificación de aquellos aspectos que, en la actualidad, más inciden en el intercambio binacional fronterizo, y que se presume que son los económicos y los relacionados con la seguridad.
A efectos de organización del trabajo, primero, se desarrollará un marco teórico y una revisión del estado de la cuestión que será completada con la metodología de operacionalización de la realidad fronteriza mercosureña y con la elaboración de un índice de transfronterización que permita, a modo de análisis, observar sus dinámicas espaciotemporales, las tendencias de continuidad y ruptura y los elementos que mayor y menor impacto tienen en su configuración. El trabajo finalizará con unas conclusiones a modo de discusión y puesta en valor de algunos de los hallazgos de la investigación, para identificar igualmente limitaciones y nuevas posibilidades de análisis para la ciencia y la geografía políticas respecto de un objeto con inconmensurables posibilidades de abordaje y profundización.
Discusión teórica
Para definir los confines como región de frontera y región transfronteriza (Perkmann & Sum, 2002; Scott, 1999), resulta necesario discutir las principales corrientes y variables incluidas en su análisis, así como el grado de importancia de la práctica empírica y la combinación de diferentes aportaciones en la propuesta de un cuerpo teórico útil. Así, en el estudio de la integración regional y de lo que sucede en la frontera, es importante partir de dicha frontera como un espacio dinámico y cambiante (Deleixhe et al., 2019; Newman, 2006b; Paasi, 1998; Van Houtum, 2005).
De acuerdo con Donnan y Wilson (1999) o Kolossov (2005), la región fronteriza se comprende a partir de la imbricación de aspectos objetivos y subjetivos, de modo que los actores transnacionales que moldean los ciclos económicos y el rol de las fronteras confluyen con actores locales que, a su vez, producen diferentes niveles de identificación y representaciones sociales ante tales cambios. En otras palabras, existe un modelo dialéctico que interrelaciona y normaliza categorías tales como global-local, agencia-estructura y material-simbólico. El resultado de lo anterior, según el propio Kolossov, en colaboración con Scott (2013), permite analizar las fronteras de tres formas: como generadora de memoria e identidad local; como condicionante del lugar y las actitudes que se vierten sobre la frontera; y, por último, como conjunto de prácticas comunitarias que conforman la frontera.
Brunet-Jailly (2005) o Keating (2013) arguyen que la producción singular y diferencial de la frontera ha de ser entendida y explicada en función del contexto social. Un contexto que deriva de tensiones e interacciones multiescalares ─vertical─ y entre actores ─horizontal─, sobre lo cual se añaden elementos tales como la cultura transfronteriza, el nivel de influencia de los actores locales o las afectaciones derivadas del comercio internacional y la división del trabajo. Asimismo, otras aportaciones, como la de Johnson y colaboradores (2011), se centran en considerar que la construcción social de la frontera debe entenderse como una práctica discursiva multinivel. De esta forma, se trataría de un espacio en el que se superponen las ideologías nacionales y sus imaginarios y en donde los actores no institucionales modulan políticamente el dispositivo fronterizo, desembocando todo ello en la singular territorialización de las regiones fronterizas.
Es decir, regiones que son dinámicas y cambiantes, que cuestionan la esencia estatal en cuanto a su monopolio en la construcción histórica, y que son instrumentalizadas políticamente, de manera multivectorial y en donde, como reconoce Sohn (2018), la relación sobre ambos lados de la frontera genera beneficios, incentivos y capacidades propias que no son ajenas a los flujos políticos y económicos nacionales y transnacionales. Un aspecto advertido en los trabajos de Hataley y Leuprecht (2018), cuando empíricamente muestran la importancia que ostentan aspectos tales como las redes de apoyo, la adaptación al cambio, las economías de escala o el liderazgo político.
Aparte de actores y factores, quedaría ir más allá, en un esfuerzo por sistematizar y clasificar las fronteras en función de estos atributos operacionalizables. Un hecho presente, entre otros, en el trabajo sobre América Latina que proponen Dilla y colaboradores (2022), y que diferencia entre fronteras 1) consuetudinarias, donde lo principal son las lealtades y formas de cooperación; 2) autónomas, que requieren una fuerte movilidad y permisividad para la reproducción social; 3) internacionales, con infraestructuras físicas para intensificar los flujos de intercambio; y 4) fronterizas, que se conectan con la escala global y establecen instituciones propicias para su funcionalidad.
En su conjunto, todas estas aportaciones académicas contribuyen a sistematizar, caracterizar, problematizar y comprender los procesos sociales y políticos que tienen lugar en las regiones fronterizas y, en concreto, respecto a la práctica cooperativa que transcurre en y desde ambos lugares de la frontera. No obstante, y en aras de concretar aún más el objeto teórico de reflexión y discusión, un elemento de gran importancia al respecto guarda relación con el impacto que la conocida como securitización ha tenido sobre los estudios de frontera. Esto es, y de acuerdo con la premisa que pone en común a la conocida como Escuela de Copenhague, concebir que las amenazas a la seguridad y su respuesta no son sino el resultado de procesos eminentemente discursivos (Balzacq, 2011; Buzan et al., 1998; Stritzel, 2007; Wæver et al., 1993).
Llevado al objeto del estudio fronterizo, la securitización resulta mucho más compleja que un dispositivo en favor del reclamo fronterizo, toda vez que, ni mucho menos es contrapuesta a la cooperación per se. Tal concepto, nuevamente, en la frontera guarda íntima relación con una representación multiescalar (Aradau & Van Muster, 2012; Jones & Johnson, 2016), en donde igualmente concurren actores no estatales, que son advertidos en construcciones teóricas tales como los complejos de seguridad (Buzan, 1983; Buzan & Wæver, 2003), las comunidades de seguridad (Kolossov, 2005; Newman, 2010) o las soberanías híbridas (Abrahamsen & Williams, 2009; Prokkola, 2020).
Lo cierto es que, en concreto, en el análisis de la integración regional latinoamericana a través de las regiones transfronterizas y la cooperación allí desplegada resulta mayoritaria la perspectiva más puramente institucional, centrada en los distintos esquemas y organismos existentes y el sentido de las políticas de cooperación transfronteriza que despliegan. Al respecto, y como advierten Dilla y colaboradores (2025), predominan los abordajes estatocéntricos y centralistas, a la vez que son mucho menores las iniciativas y las miradas dirigidas hacia las prácticas de cooperación fronteriza. Prácticas, en todo caso, concebidas bajo un claro predominio de la agenda económica y comercial y focalizadas principalmente sobre la región andina o Centroamérica y, en menor medida, en el Mercosur (Dilla et al., 2025; Marteles Moreno, 2010).
Por todo lo anterior, pareciera que resulta de interés y necesidad el concebir y proponer herramientas analíticas que permitan atender y entender la integración regional y la cooperación transfronteriza en y desde la frontera, en los referidos términos de aperturismo, intercambio, reciprocidad e interdependencia que tienen lugar en el espacio latinoamericano. Un hecho que, si bien aceptado entre la literatura académica y sus debates, no existe, stricto sensu, en términos metodológicos, pues en muchas ocasiones se sigue recurriendo a escalas y fuentes de información que provienen del nivel nacional. Un hecho que, de por sí, desvirtúa cualquier atisbo de conocimiento empírico sobre el grado de permeabilidad o intercambio transfronterizo y que se observa en herramientas de análisis profundamente limitadas en cuanto al nivel subregional, como es el caso del Global Peace Index, Country Risk Index, Global Food Security Index, Global Health Security Index o Transportation Security Index. Por otro lado, frente al escaso nivel de atención a la perspectiva transfronteriza, igualmente, resulta necesario escapar del exclusivo nivel de atención que tiene lugar sobre el grado de aperturismo económico de las fronteras, operacionalizado por el Cross-Border Data Index que elabora Global Data Alliance (2023) (Delgado Castresana et al., 2025).
Metodología
Con base en lo argüido hasta el momento, un objetivo específico para poder mostrar el grado de funcionamiento y dinamismo de la frontera en la integración regional mercosureña pasa por un planteamiento metodológico y analítico que escapa de la mirada inmovilista y estatocéntrica predominante. Es por lo anterior que se propone la elaboración de un índice de transfronterización a partir de la identificación de cinco dimensiones y 15 variables que, de acuerdo con métricas e informaciones estrictamente subnacionales y sobre la frontera, permitan entender el grado real de permeabilidad de la misma.
A partir de cinco dimensiones diferentes se clasifican dichas 15 variables, en primer lugar, con el propósito de establecer cinco subíndices que, con posterioridad, permitan la creación del índice. Esto es, las denuncias por injerencia en la soberanía y la concurrencia de instrumentos de cooperación transfronteriza conforman el subíndice político. La movilidad de personas en la frontera, los flujos de bienes, capitales y servicios, y el tipo de arquitectura integradora conforman el conocido como subíndice de integración. En tercer lugar, aspectos socioeconómicos como la tasa de homicidios violentos, el PIB per cápita, el coeficiente de Gini o los intercambios educativos, moldean el subíndice socioeconómico. Por su parte, el subíndice de securitización se conforma en función de las acciones colaborativas en materia de seguridad y defensa y la presencia de puestos físicos de control fronterizo, toda vez que la gestión de infraestructura física conjunta, la gestión compartida de proyectos naturales y la gestión compartida de desastres constituyen el denominado subíndice de infraestructura (véase Tabla 1).
| Autovalores iniciales | Suma de cargas al cuadrado extracción | Suma de cargas al cuadrado rotación | ||||||||||
|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|
| Inicial | Extracción | Componente | Total | % varianza | % acumulado | Total | % varianza | % acumulado | Total | % varianza | % acumulado | |
| SiJP | 1 | 0.785 | 1 | 1.868 | 37.355 | 37.355 | 1.868 | 37.355 | 37.355 | 1.186 | 37.305 | 37.305 |
| SiI | 1 | 0.805 | 2 | 1.243 | 24.857 | 62.212 | 1.243 | 24.857 | 62.212 | 1.186 | 23.723 | 61.028 |
| SiSE | 1 | 0.802 | 3 | 1.062 | 21.232 | 83.443 | 1.062 | 21.232 | 83.443 | 1.121 | 22.416 | 83.443 |
| SiS | 1 | 0.868 | 4 | 0.482 | 9.647 | 93.091 | ||||||
| SiI | 1 | 0.913 | 5 | 0.345 | 6.909 | 100.00 | ||||||
| Dimensión jurídico-política | Acciones diplomáticas por intromisión a la soberanía (ADIS) |
| Tipo de instrumentos de cooperación transfronteriza (ICT) | |
| Dimensión integradora | Tipo de instrumentos que favorezcan la movilidad transfronteriza (IFMT) |
| Flujos de bienes, capitales y servicios en relación con el PIB (EI) | |
| Tipo de arquitectura integradora (TID) | |
| Dimensión socioeconómica | Tasa de homicidios violentos 100 000 habitantes (THV) |
| PIB per cápita (PIB) | |
| Coeficiente de Gini (Gini) | |
| Tipo de intercambios educativos existentes (IE) | |
| Dimensión securitaria | Actuaciones policiales conjuntas (APC) |
| Ejercicios militares conjuntos (EMC) | |
| Presencia de puestos físicos de control fronterizo (PFCF) | |
| Dimensión infraestructura | Tipo de infraestructura física conjunta (IFC) |
| Proyectos compartidos sobre recursos naturales (PCRN) | |
| Proyectos compartidos sobre gestión de desastres (PCGD) | |
Todas las variables mencionadas, operacionalizadas en variables de acuerdo con lo que se recoge en la Tabla 2, fueron transformadas en escalas positivas, considerando los valores concurrentes a uno y otro lado de la frontera. Posteriormente, estos indicadores fueron normalizados y agregados en los mencionados subíndices, que se corresponden con las cinco dimensiones desde las que se propone el estudio de la frontera. Con esto, y al tomar como referencia el índice que realiza la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) para el estudio multidimensional de la pobreza, es que se desarrolla una ponderación de los subíndices a partir de un método de extracción que es el análisis de componentes principales.
Una vez obtenida la matriz de los componentes principales, el método posterior para finalmente establecer la ponderación de cada uno de los cinco subíndices es el de la agregación acumulativa. Este se basa en el peso relativo de los vectores propios de cada uno de los componentes (Ecuación 1) tal y como ya se ha empleado en otros trabajos de elaboración de índices dentro de distintas disciplinas de las ciencias sociales (Decancq & Lugo, 2013; Kato et al., 2021; Pérez-Foguet & Giné Garriga, 2011; Slottje, 1991). Al respecto, la ecuación del método de ponderación de subíndices por agregación acumulativa sería la siguiente:
p i :valor total de la ponderación del subíndice i
a k , i :vector propio del subíndice i en el componente principal k
λ k:valor propio del componente principal k
∑ n j = 1 √(λj ): suma de las raíces cuadradas de los valores propios de todos los componentes
De este modo, el índice queda desagregado en cinco valores disímiles e integrados, lo que cumple con los estadísticos descriptivos y las pruebas de control, y permite validar la aplicación del método y no desechar ninguna de las variables e indicadores propuestos (véanse Tabla 3 y Tabla 4). El índice resultante responde a la siguiente fórmula de ponderaciones derivadas de los vectores propios:
0.22Spol + 0.26Sint + 0.16Ssoce + 0.17Ssec + 0.19Sinfra
| Componente 1 | Componente 2 | Componente 3 | |
|---|---|---|---|
| Subíndice jurídico-político | 0.825 | -0.024 | 0.322 |
| Subíndice integración | 0.851 | -0.258 | -0.120 |
| Subíndice socioeconómico | 0.654 | 0.544 | -0.279 |
| Subíndice securitización | -0.176 | 0.903 | 0.146 |
| Subíndice infraestructura | 0.038 | 0.087 | 0.951 |
| Medida de Kaiser-Meyer-Olkin de adecuación de muestreo | 0.501 | |
| Prueba de esfericidad de Barlett | Aprox. Chi-cuadrado | 59.186 |
| gl | 10 | |
| Sig. | 0.000 | |
Con base en todo lo anterior, el citado índice de transfronterización permitirá, como se muestra más adelante, observar el grado de intercambio en las fronteras internas y externas mercosureñas. Un aspecto que, entre otras cuestiones, debe posibilitar la identificación de cuáles de estas son más y menos cooperativas; cuál ha sido el dinamismo y la evolución de la transfronterización a lo largo de los últimos años y, entre otros aspectos adicionales, el impacto o la recomposición frente a situaciones extraordinarias, como la propia pandemia. Tal propósito irá a un estadio de análisis más allá, pues aparte de todo ello, se intenta identificar, a través de un último modelo correlacional, al recurrir al principio de parsimonia, aquellos elementos que más impactan en el grado de transfronterización registrado en Mercosur para el periodo 2017-2023. Un hecho que permitirá conocer si el impacto tiene la relevancia que le reconoce la literatura, mayoritariamente desde abordajes nacionales, por ejemplo, de las variables económicas o de securitización; o si, por el contrario, otros elementos tienen un grado de influencia notable en el intercambio intergubernamental que acontece a ambos lados de las fronteras estudiadas.
Desarrollo
Con base en los datos obtenidos, y que se recogen en la Tabla 5, cabe destacar algunos aspectos. En primer lugar, a pesar de las múltiples iniciativas transfronterizas existentes en el espacio mercosureño, muchas de ellas reforzadas en clave binacional, o desde otros escenarios multilaterales, se aprecian unos niveles de transfronterización discretos, a la vez que heterogéneos. Las mayores economías de la región, como sucede con Argentina, Brasil y Uruguay, presentan en sus fronteras niveles de intercambio más altos que otras mucho más cerradas, como las de Bolivia o Paraguay. De hecho, en general, el intercambio interior sobre las fronteras de Mercosur es sustancialmente mayor que el intercambio que tiene lugar en las fronteras exteriores, como es el caso de Colombia, Bolivia y, en menor medida, Chile.
En ocasiones, la disparidad de niveles de transfronterización se aproxima a valores de 100%, entre las fronteras más abiertas y las más restrictivas. Por ende, de forma detallada se podría decir que para el periodo 2017-2023, las fronteras con mayor transfronterización fueron, en el orden siguiente: la frontera Brasil-Paraguay, Argentina-Brasil y Argentina-Uruguay, al presentar unos niveles promedio de 0.600, muy por encima del promedio del conjunto mercosureño. Asimismo, en un segundo nivel estarían las fronteras Argentina-Paraguay y Brasil-Uruguay, también, con niveles positivos de aperturismo con respecto a la tendencia general de la región. Sensu contrario, los niveles de mayor hermetismo en el intercambio transfronterizo, con grandes brechas, serían los registrados en las fronteras Bolivia-Paraguay, Bolivia-Brasil y Bolivia Argentina, y también la frontera Brasil-Colombia, mostrándose una lógica diferencial con las fronteras internas de Mercosur, y guardando cierta distancia con respecto a la frontera Argentina-Chile, normalizada por la firma de muchos protocolos de Mercosur-Chile, además de otros acuerdos de naturaleza binacional (véase Figura 1).
Por otra parte, se aprecia una tendencia creciente en la transfronterización registrada desde 2017 hasta 2023. Por ejemplo, si en 2018 el índice de transfronterización arrojaba un valor de 0.459, para 2023 ascendía a 0.532, lo que representa un incremento, nada baladí, de casi 20%. Como es de esperar, y de acuerdo con la dinámica general acontecida en el continente, la pandemia de 2020 causada por la COVID-19 operó como elemento de restricción en lo que respecta al intercambio transfronterizo. De 2019 a 2020, el valor se redujo abruptamente, de 0.501 a 0.482, si bien para 2022 ya se arrojaban nuevamente elementos de recuperación, con un índice de transfronterización con valor de 0.538.
| 2017 | 2018 | 2019 | 2020 | 2021 | 2022 | 2023 | |
|---|---|---|---|---|---|---|---|
| 1 | Bra-Pry (0.640) | Bra-Pry (0.665) | Bra-Pry (0.729) | Br-Pry (0.725) | Bra-Pry (0.746) | Bra-Pry (0.761) | Bra-Pry (0.768) |
| 2 | Arg-Bra (0.614) | Arg-Bra (0.589) | Arg-Bra (0.600) | Arg-Bra (0.546) | Arg-Pry (0.665) | Arg-Bra (0.625) | Arg-Bra (0.640) |
| 3 | Arg-Pry (0.612) | Arg-Pry (0.572) | Arg-Pry (0.554) | Arg-Pry (0.539) | Arg-Chi (0.517) | Arg-Pry (0.582) | Arg-Uru (0.620) |
| 4 | Arg-Uru (0.538) | Arg-Uru (0.534) | Bra-Uru (0.536) | Arg-Uru (0.502) | Arg-Uru (0.500) | Arg-Uru (0.524) | Bra-Uru (0.543) |
| 5 | Bra-Bol (0.478) | Arg-Chi (0.453) | Arg-Uru (0.514) | Arg-Chi (0.484) | Arg-Bra (0.487) | Bra-Uru (0.523) | Arg-Chi (0.537) |
| 6 | Arg-Chi (0.467) | Bra-Uru (0.436) | Arg-Chi (0.471) | Bol-Arg (0.473) | Bra-Uru (0.440) | Bol-Arg (0.519) | Arg-Pry (0.530) |
| 7 | Bra-Uru (0.437) | Bra-Bol (0.354) | Bol-Arg (0.427) | Bra-Uru (0.438) | Bra-Col (0.439) | Arg-Chi (0.493) | Bol-Arg (0.483) |
| 8 | Bol-Pry (0.381) | Bol-Pry (0.336) | Bra-Bol (0.406) | Bra-Col (0.429) | Bol-Arg (0.426) | Bra-Bol (0.470) | Bra-Col (0.444) |
| 9 | Bra-Col (0.319) | Bol-Arg (0.333) | Bra-Col (0.393) | Bra-Bol (0.357) | Bra-Bol (0.399) | Bra-Col (0.444) | Bol-Pry (0.386) |
| 10 | Bol-Arg (0.204) | Bra-Col (0.327) | Bol-Pry (0.389) | Bol-Pry (0.334) | Bol-Pry (0.341) | Bol-Pry (0.443) | Bra-Bol (0.375) |
Figura 1.
Distribución territorial de la transfronterización en Mercosur, 2017-2023
Fuente: elaboración propia
En todo caso, y más allá de la diferencia sustancial que muestran las diez fronteras del Mercosur estudiadas, se aprecia una tendencia creciente, ya mencionada, que en parte puede haberse visto favorecida por el impulso que en los últimos años han experimentado diferentes instrumentos de colaboración, por ejemplo, en materia de seguridad o en gestión compartida de infraestructura o recursos naturales. En todo caso, para arrojar mayor fuerza explicativa sobre qué elementos en la realidad integradora transfronteriza impactan de forma más directa en el valor del índice obtenido para cada caso, se hace necesario recurrir a un modelo correlacional que permita corroborar si, como señala la mayoría de la literatura especializada, la economía y la seguridad son los dos elementos centrales en el impulso de la colaboración subnacional, a ambos lados de la frontera. Del mismo modo, si, por el contrario, otros aspectos demandan una mayor atención por su fuerza explicativa y su particular impacto en la frontera.
A partir de lo anterior, las identificadas como variables independientes en la Tabla 2 se clasificaron según su tipo en categóricas y cuantitativas continuas. Los datos que se identificaron como categóricos corresponden a las variables: ADIS, TID, IE, APC y EMC, las cuales tienen tres niveles -1, 0 y 1. La variable categórica PCGD, mantiene un rango de 0 a 1, a lo que se añade una estructura dicotómica para un total de siete variables. Por otro lado, las variables IFMT, EI, THV, PIB, GINI, PFCF, IFC y PCRN que son variables cuantitativas continuas, conforman la estructura del dataset junto con las anteriores categóricas de los datos analizados para, con ejercicio correlacional completo, poder conocer su incidencia en la variable dependiente que, en este caso, es el mismo índice de transfronterización (VD).
La hipótesis que ofrece la mayor parte de la literatura especializada, como se apuntaba, es que la dimensión económica es posiblemente la más importante a la hora de explicar las dinámicas integradoras que transcurren en la frontera. No obstante, hay otros aspectos, especialmente relacionados con la seguridad, que igualmente son tenidos en buena parte del debate teórico, por lo que una relación causal u otra solo puede conocerse a través de un ejercicio de correlación de Kendall ─en sustitución de lo que sería una correlación de Pearson─. Así se refleja en la Tabla 6, en donde es posible observar los coeficientes de la correlación y los P-valor que vendrían a redundar en cómo, muchas de las variables consideradas, podrían funcionar por sí mismas como buenas predictoras de la transfronterización.
| Variable | Coeficiente de la correlación | P valor |
|---|---|---|
| ADIS | -0.06811471 | 0.4887 |
| ICT | -0.2084996 | 0.0258 |
| IFMT | 0.04644366 | 0.6279 |
| EI | 0.5322283 | 7.522e-11 |
| TID | 0.6180259 | 4.291e-10 |
| THV | 0.4645095 | 1.396e-08 |
| PIB | -0.4876638 | 2.485e-09 |
| GINI | -0.01554545 | 0.8572 |
| IE | 0.02458647 | 0.8014 |
| APC | 0.3235373 | 0.0008736 |
| EMC | 0.3925286 | 7.335e-05 |
| PFCF | 0.3455411 | 2.944e-05 |
| IFC | 0.2548298 | 0.003187 |
| PCRN | 0.3948616 | 5.553e-06 |
| PCGD | 0.2110645 | 0.033 |
Expresado en otras palabras, y por orden, las variables con mayor correlación con el índice propuesto serían EI, TID, PIB, THV, PCRN, EMC, PFCF y APC, donde las dos últimas tienen un grado menor que las anteriores. Para este primer ejercicio exploratorio, a efectos de ir más allá en la capacidad explicativa de este trabajo, se aplicó un modelo lineal (ML) estándar con el objetivo de poder seguir explorando la relación entre la puntuación del índice (VD) y las variables que se consideran predictoras de la transfronterización. Sin embargo, el modelo lineal gravita en los supuestos de que los errores siguen una distribución normal, con varianza constante (homocedasticidad) y son independientes, y que la variable respuesta es continua y puede tomar cualquier valor real, incluidos negativos. Adicionalmente, se consideró necesario priorizar el principio de la parsimonia, relevante para converger las variables independientes que, en conjunto, podrían predecir el mejor resultado de la variable dependiente (VD).
Al realizar un segundo análisis exploratorio de los datos y las pruebas iniciales para el modelo lineal con R2 elevado, se comprobó que los residuos tenían un alto índice de heterocedasticidad, pese a que el comportamiento de la variable respuesta tenía normalidad. Es por tal razón que se justificó la transición a un modelo lineal generalizado (MLG), que permite especificar una distribución de probabilidad para la variable dependiente como la Gamma. Para esto inicialmente se procedió con un random forest, que permite obtener la relevancia de la capacidad predictora de las variables independientes del data frame, de acuerdo con lo que refleja la Tabla 7.
| 1 | EI | 19.644058 |
| 2 | PIB | 12.131794 |
| 3 | TID | 12.064573 |
| 4 | APC | 11.566475 |
| 5 | ITC | 11.358887 |
| 6 | IFC | 11.293188 |
| 7 | PCGD | 10.705140 |
| 8 | EMC | 10.676163 |
| 9 | PCRN | 8.453467 |
| 10 | PFCF | 7.627332 |
| 11 | THV | 7.627332 |
| 12 | GINI | 7.133143 |
| 13 | IFMR | 6.177720 |
| 14 | IE | 1.675590 |
| 15 | ADIS | 1.244113 |
Al tener en cuenta el conjunto de datos de random forest y las correlaciones se produjo una reproducibilidad del modelo lineal generalizado (MLG) dentro de la función gamma, pese a que las variables (en random forest) y THV (en el tau de Kendall) parecían tener una estrecha relación con el valor del índice de transfronterización, lo que generaba un impacto bastante negativo en la homocedasticidad de los residuos. Por ello, luego de iterar las diferentes variables, se obtuvo un último modelo, definido por los siguientes coeficientes, el cual cumple con una adecuada parsimonia, un Criterio de Información de Akaike (CIA) bajo y una ausencia de evidencia suficiente como para rechazar la hipótesis nula de homocedasticidad del modelo. Esto es, se identificó una participación significativa de las siguientes variables en el modelo: EI, TID, EMC, APC, IFC, PCRN y PIB, el cual obtuvo los coeficientes establecidos en la Tabla 8.
| Variable | Estimado | Error estándar | valor t | Pr(>|t|) | Significancia |
|---|---|---|---|---|---|
| (Intercept) | -1.39008 | 0.06916 | -20.099 | menor que 2e-16 | *** |
| EI | 0.32143 | 0.07126 | 4.511 | 3.00e-05 | *** |
| TID1 | 0.13763 | 0.04348 | 3.165 | 0.002418 | ** |
| EMC1 | 0.1588 | 0.02724 | 5.829 | 2.26e-07 | *** |
| APC0 | 0.1294 | 0.03038 | 4.26 | 7.19e-05 | *** |
| APC1 | 0.21099 | 0.052 | 4.057 | 0.000144 | *** |
| IFC | 0.16751 | 0.06778 | 2.471 | 0.016270 | * |
| PCRN | 0.277 | 0.04682 | 5.916 | 1.62e-07 | *** |
| PIB | 0.15067 | 0.05805 | 2.596 | 0.011811 | * |
| Parámetro de dispersión | 0.006914396 |
| Muy desviación | 3.9767 (df = 69) |
| Residual desviación | 0.4793 (df = 61) |
| AIC | -231.6 |
La Tabla 9 implica que el modelo puede tener un pseudo R2 de (3.9767−0.4793) /3.9767≈0.879, lo que permite inferir un ajuste relevante. En cuanto a su homocedasticidad a través de la prueba de Breush Pagan se encontró que los valores cumplen con el supuesto de homocedasticidad con el siguiente resultado: BP = 4.1953, df = 8, valor p = 0.8391. Con todo lo anterior, el modelo lineal generalizado que predice la puntuación se puede definir mediante la siguiente ecuación:
ln(E(Y))=β0+β1⋅EI+β2⋅TID1+β3⋅EMC1+β4⋅APC0+β5⋅APC1+β6⋅IFC+β7⋅PCRN+β8⋅PIB
En donde:
ln(E(Y)) es el logaritmo natural del valor esperado de la variable dependiente
β0 es el intercepto.
β1,β2,…,β8 son los coeficientes estimados para cada variable predictora.
En conclusión, el modelo, en línea con lo previsto, y con el cuerpo generalizado de la literatura especializada, reconocería el mayor impacto que sobre la transfronterización tienen las variables económicas, seguidas de las variables de seguridad y, finalmente, las de gestión e infraestructura conjunta.
Conclusiones
La integración regional latinoamericana, y con ello también la acontecida en Mercosur, ha respondido tradicionalmente a obstáculos y dificultades provenientes de la ideologización de las relaciones exteriores, la continua oscilación geopolítica de la integración, la fractura entre afinidades y discrepancias ideológicas, el recelo a cualquier atisbo de supranacionalidad o la desconfianza hacia fórmulas que invoquen ir más allá del “irrestricto principio de la soberanía”.
Después del ciclo progresista, prolongado desde comienzos del siglo XXI, hasta 2015, no se han advertido importantes avances en cuanto a nuevas fórmulas o proyectos renovados sobre la integración regional. Las dificultades que lastraron proyectos como Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América o Unión de Naciones Suramericanas no parecen haber sido muy diferentes de las presentes en la Alianza del Pacífico o, sobre todo, Foro para el Progreso de América del Sur. Así, las apuestas del “regionalismo abierto”, propias de la década de 1990, y sobre una clara apuesta económica, son las que presentan mayor grado de longevidad y vigencia, tal y como exhibe Mercosur. Y si bien es cierto que durante la pandemia o tras gobiernos profundamente disímiles, como los surgidos del antagonismo Lula da Silva-Dilma Rousseff/Jair Bolsonaro o Cristina Fernández-Alberto Fernández/Mauricio Macri, los avances en la integración han seguido sucediendo.
Un buen medidor de lo anterior guarda conexión con el estudio de la relación transfronteriza, a menudo olvidada e invisibilizada por las escalas nacionales y, asimismo, dificultada por la falta de herramientas analíticas que permitan trabajos empíricos extrapolables a otras fronteras. De este modo, y a partir del índice de transfronterización que se propone en estas páginas, es posible advertir la tendencia creciente de la cooperación intergubernamental y de la integración regional en Mercosur, toda vez que ello transcurre desde procesos y tendencias heterogéneas. En el plano territorial, Brasil y Argentina, y en menor medida Uruguay, presentan en sus fronteras prácticas más sólidas de transfronterización. Por otra parte, las fronteras internas de Mercosur, incluido Paraguay, igualmente evocan un mucho mayor nivel de intercambio del que transcurre en sus fronteras externas, tal y como sucede con Bolivia, Colombia y, en menor medida, Chile. Aun cuando la tendencia observada desde 2017 ha sido creciente, la pandemia, como era de esperar, dejó consigo importantes frenos a la transfronterización que, nuevamente, se ha recompuesto superada la crisis sanitaria causada por el coronavirus.
Por otro lado, y con el propósito de observar qué elementos impactan más sobre dicha integración regional transcurrida en las fronteras, un importante hallazgo (en línea con lo que reconoce la literatura especializada, pero escasamente demostrado), de forma empírica, en el nivel subnacional, guarda relación con la economía y la seguridad como principales elementos de colaboración. A tal efecto, en el intento por tratar de mostrar si existen otras variables políticas, institucionales o de infraestructura que impacten de manera notable en la relación transfronteriza, se llega a la conclusión de que bien pueden ser coadyuvantes, a lo sumo, pero nunca explicativas de los principales motores del intercambio integrador transfronterizo, que está claramente alineado sobre el eje económico-securitario.
Sea como fuere, en tanto que es un ejercicio exploratorio, aunque estadísticamente muy sólido, dada su capacidad explicativa superior a 80% de la casuística estudiada, el artículo abre una senda que necesita ser todavía avanzada. Tanto con la aplicación del índice a otros esquemas de integración, como la Comunidad Andina y el Sistema de Integración Centroamericano, como al marco de la Unión Europea ─que se erige desde reglas diferentes como la mayoría cualificada, la coactividad y la transferencia de competencias soberanas─. No obstante, el añadir posibles variables de control que permitan integrar entre las herramientas analíticas, con la correspondiente dificultad de encontrar y sistematizar los indicadores y las fuentes de información (por ejemplo, a modo de autorregresiones espaciales y modelos de heterogeneidad espacial, o el abrir el marco temporal de análisis), pueden ser los primeros pasos a la hora de llevar el uso de esta herramienta empírica a otros niveles analíticos más amplios con los que arrojar conocimiento sobre un objeto de estudio, como este, con inconmensurables posibilidades de estudio y profundización.
Agradecimientos
Esta contribución forma parte de los resultados del proyecto BORES, Programa estatal de I+D+i del Plan Estatal de Investigación Científica, Técnica y de Innovación 2021-2023, Ministerio de Ciencia e Innovación (PID2022-139939NB-I00).
Se agradece a las personas que ayudaron a sistematizar la información estadística que analiza este trabajo: Heriberto Cairo, Jimena Ñáñez, María Lois, Mariano García de las Heras, Mireia Delgado, Pedro Limón, Puerto González y Sergio González. También se agradece el trabajo editorial de Lydia Coronel Yáñez.
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Jerónimo Ríos
Español. Doctorado en ciencias políticas por la Universidad Complutense de Madrid y en humanidades por la Universidad Rey Juan Carlos. Profesor ayudante doctor en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid. Líneas de investigación: geopolítica de la violencia y seguridad en América Latina. Publicación reciente: Cairo, H., Piazzini Suárez, C. E., Ríos, J., Santana, L. D., Montoya Garay, J. W., Salas Salazar, L. G., Zambrano Quintero, L., Espinosa Rico, M. A., Montoya Arango, V., Koopman, S., Salamanca, R. E., Agudelo, C., Oslender, U. & Rodríguez, F.-B. (2024). From ‘territorial peace’ to ‘total peace’ in Colombia: a geopolitical balance, Geopolitics, 29(5), 1996-2032. https://doi.org/10.1080/14650045.2023.2297941
Ismael Angel De la Villa Hervás
Español. Doctorado en ciencias políticas por la Universidad Complutense de Madrid. Profesor sustituto en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid. Líneas de investigación: procesos de securitización fronterizos en Europa y América Latina. Publicación reciente: De la Villa Hervás, I. (2025). La guerra ruso-ucraniana o un conflicto en la semiperiferia. Una breve historia sobre la integración de la estructura de clases del espacio (pos)soviético en el sistema mundo capitalista. Tendencias Sociales. Revista de Sociología, (13), 101-121. https://doi.org/10.5944/ts.2025.44213
Julio Gonzalez
Colombiano. Doctorado en gestión por la Universidad EAN de Colombia. Profesor asociado y vicedecano en la Facultad de Relaciones Internacionales, Estrategia y Seguridad, de la Universidad Militar Nueva Granada, en Colombia. Líneas de investigación: probabilidad del riesgo y gestión de la seguridad, con especial énfasis en las fronteras. Publicación reciente: Ríos, J., González, J. C. & García de las Heras, M. (2021). Environment and armed conflict in Colombia: terrorist attacks against water resources and oil infrastructure in Norte de Santander (2010-2020). Small Wars and Insurgencies, 34(8), 1429-1457. https://doi.org/10.1080/09592318.2021.1978750
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